Cosas Veredes Mio Cid

Fecha: 2004-02-03 00:00:00por: Roberto Montes Vázquez (cuatro@cybercable.net.mx)

COSAS VERDEDES MIO CID
Roberto Montes Vázquez.




PRIETITOS EN EL ROSBIF.- Ahora fue en la tradicional cocina inglesa en donde aparecieron las manchitas vergonzantes. The Financial Times de Londres, publica un reportaje de la periodista Sara Silver, en el que expone presuntas irregularidades en el manejo de los fondos de Vamos México, la fundación que fue creada para enfocar la cultura de participación, con la finalidad de combatir la pobreza en México.
Como la fundadora y presidenta de esa organización, es Martha Sahagún, la segunda esposa de Fox, y como la publicación Londinense está despertando la curiosidad en el mundo por la chistosa pareja que manda en México y, de la forma en que presumiblemente financian sus extravagancias de nuevos ricos para tratar de alternar con el jet set internacional.
Huraña y de mal talante, Martha, la que ya está resultando esposa incomoda, ataviada con un modelo Chanel para desahogos de rabia, y en la banqueta de Los Pinos, para que no digan que utiliza las instalaciones presidenciales, repitió lo que le ha venido diciendo a la prensa nacional, cada vez que le tocan ese vals: “Vamos México no tiene nada que ocultar”. Y se ocultó en la casa del pueblo.




EL PARTO DE LOS DINOSAURIOS.- Los presagios eran infaustos, los agoreros del estrépito vaticinaban estruendoso el rompimiento. La profunda grieta insalvable, la inoculta división que existe a su interior se significaba en el preludio de las pasiones desbordadas en la selección de candidatos a las diputaciones y después en los denigrantes acontecimientos tragicómicos en el Congreso, las fisuras latentes hervían incontenibles, la pugna llegaba su clímax en el Congreso Nacional del PRI.
Madrazo con su fama de cuerpo entero de mapache, traidor, manipulador, evasivo, doble cara, inescrupuloso. Gordillo como la loba dispuesta a todo, blandiendo su prestigio de implacable ante los rivales y con lenguaje y gesto de espanta bellacos, inocentes y agachones.
Pero, hete aquí, que algún ser poderoso e invisible, intervino y los clásicos de la crónica, guardaron para más adelante las frases “choque de trenes” y la del líquido hemático que llega al río.
Las pugnas y rivalidades quedaron suspendidas y lo único que se dio, ante tiros y troyanos fue tan solo un beso friolento, travieso, amargo y dulzón.


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Fecha: 2004-02-03 00:00:00por: Roberto Montes Vázquez (cuatro@cybercable.net.mx)