¿Obsoleto o anacrónico?
...¿y para quién?
| Fecha: 2005-02-04 00:00:00 | por: |
Mucho he escuchado mencionar a las
empresas la
palabra “Obsoleto” ante la menor provocación. Siempre que se trata de una presentación tecnológica de cómputo (sea software) la
palabra “obsoleto” sale a relucir. La reacción entre la audiencia no se hace esperar: ante la
palabra siempre habrá al menos uno que cruce la pierna, que se sostenga el mentón, que vuelva su mirada al
cielo, o que haga alguna expresión.
Y es que no es para menos, lo “obsoleto” es lo que ya no sirve, que ha caído en desuso, que carece de sentido, pues... Pero, ¿qué tan obsoleta es una
computadora, digamos una 8088, en manos de una
persona cuya
productividad la basa en MS-DOS y Lotus 1-2-3? Cierto es que ya no hay muchas ni de esas
computadoras, ni de esas
personas, pero las hay. ¿Realmente le será “obsoleto” un equipo que mantiene su
productividad y que le es suficiente (por la razón que sea)?
En
realidad, desde mi punto de vista, la
palabra “obsoleto” ha sido presa del abuso de las
empresas y de la
mercadotecnia. La obsolescencia no depende de los fabricantes, sino de los
clientes. Evidentemente, depende de los fabricantes la innovación, misma que es la impulsora de la obsolescencia. Pero ésta la determinan los
clientes y su capacidad de adoptar las innovaciones, y no las
empresas y su
mercadotecnia.
En más de una ocasión he recibido comentarios de
personas que ya no saben qué comprar, pues no importa lo que compren, siempre les plantan en la cara la
palabra “Obsoleto”. Así, se sienten eternamente engañados, cuanto y más cuando la misma
empresa fabricante del producto adquirido (y, normalmente, no hace mucho tiempo) les planta la palabrita sin chistar. El uso desmedido de la
palabra “Obsoleto” lejos de alentar la actualización ha empezado a fungir como inhibidor, pues hay quienes ya no adquieren la novedad so pena de enfrentarse a la “Obsolescencia mercadológica” y tirar su
dinero a la basura. Así, hay
personas que prefieren entrar en la “Obsolescencia por conveniencia” y no entrar en la “Obsolescencia fabricada”.
Desde mi punto de vista, los productos no se vuelven obsoletos (excepto, cuando sí se vuelven obsoletos; es decir, dejan de ser útiles y caen en el desuso), sino que se vuelven anacrónicos –y eso es algo mucho más fácil de explicar que la obsolescencia–. Algo anacrónico es algo que está fuera de
tiempo, que ya no pertenece a la época. Sin embargo, ello no le modifica su utilidad. Todo lo que conocemos se vuelve, inexorablemente, anacrónico. No obstante, la responsabilidad de utilizar algo anacrónico recae en el usuario y no en el fabricante. Si el fabricante insiste en hacernos pensar que algo es obsoleto, lo más
seguro es que se trate de una estrategia específica para vender su nuevo producto, y no necesariamente porque el otro producto ya no sirva.
De hecho, el nombre de la innovación se pierde cuando se empieza a abusar de expresiones como ésta. La innovación siempre propenderá a una mejora, siempre y cuando el usuario esté ávido de semejante mejora. Si la mejora no le supone un beneficio tangible al
cliente, lo existente no debe suponerse como “obsoleto”, simplemente anacrónico (debido, obvio, a que algo ha aparecido cuya
escala de
tiempo está más cerca de la actualidad que lo anterior).
Ello no quiere decir que la innovación no sea necesaria, definitivamente lo es. La modernidad exige siempre una mayor comodidad, misma que se traduce en facilidad de uso, en reducción de tareas y en mejoras a las características. Sin embargo, llevar eternamente esto a “lo obsoleto” es sumamente peligroso y puede hacer peligrar el consumo debido a hacer sentir al
cliente eternamente engañado.
Así pues, estimado lector, sea usted quien determine qué y qué no es obsoleto. Determínelo usted de acuerdo con sus propias preferencias. Si considera que lo que tiene le es suficiente o supera sus expectativas, entonces no hay necesidad alguna de montarse en el indomable potro de la modernidad forzada. Pero si las nuevas propuestas son suficientes para pensar en una actualización, entonces no dude en hacerla, so pena de, realmente, sentirse prensado por la obsolescencia. ¡Nos seguimos leyendo!
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