Tiempos de parto
| Fecha: 2005-09-05 00:00:00 | por: |
La teoría del caos dice que el aleteo de una mariposa en
Japón puede multiplicarse y producir una
tormenta en
Europa. Aun considerado esto como una hipérbole, ocurre algo análogo en el ambiente social. La pérdida de
valores individuales ha causado desajustes colectivos, aun internacionales. Aunque desde hace miles de años existen reglas, preceptos,
leyes, que limitan las formas de actuar, no siempre es posible, ni deseable, imponer esos límites, pues cada quien tiene derecho a decidir cómo va a resolver su
vida... siempre que no afecte la de sus semejantes. Pero un individualismo sin límites trasciende lo personal. Y cuando el individualismo personal se da en seis mil millones de personas, sí puede causar
tormentas.
Una
sociedad que se expresa con frases optimistas pero que de facto no actúa más allá del beneficio personal ¿podrá darse cuenta de que más temprano que tarde el desajuste social afectará a sus propios miembros e intereses? ¿Podrá esperarse que le preocupe la supervivencia de los bosques a quien está dispuesto a violar a una niña de 12 ó 14 años? ¿Le preocupará contaminar un río, o los mares, o la atmósfera, a quien no le importa iniciar a un
niño en la droga? Y un
niño de 14 años que balacea a muerte a su compañero, ¿qué
profesionista, qué ciudadano, qué industrial, qué político irá a ser después?
¿Quién si no yo, tú, él y ella?
Sin embargo, las cosas pueden
cambiar... si nos proponemos cambiarlas, ofreciendo cada quien con modesta participación, su rechazo a la indiferencia, su respeto al ambiente, la orientación de sus actos al orden, a la limpieza de la
ciudad, a la supervivencia del
planeta que tiene tanto que ofrecernos en sus mares, en sus bosques y praderas, en los centros de
cultura de las ciudades. No esperes que lo haga el
Gobierno, porque no hará más que una
caricatura de lo que realmente se necesita.
Nuestro destino NO ES
vivir en una
sociedad controvertida, pronta a la confrontación, sino en una
sociedad en convivencia equilibrada, en la que todos podamos ser parte de un
plan de recuperación y superación. Pero eso sólo se dará si cada uno hacemos un esfuerzo individual que se transforme en esfuerzo colectivo.
Empecemos por lo pequeño: démosle a la empleada doméstica un
salario justo (sin duda mucho más alto de lo que se acostumbra actualmente), al
taxista o al mesero que nos da buen servicio (y que está tan mal pagado) démosle una propina adecuada a la calidad de su servicio (al menos 20% por un buen servicio). Una limosna de un
peso al mendigo no le sirve de nada, pero cinco o diez
pesos le sirven de algo, y a nosotros no nos descompensan; identifiquemos a quien su soledad o
enfermedad se le nota en el rostro, descubrámoslo en el gesto y acerquémonos a él dispuestos a escucharlo. Lo peor que puede suceder es que nos diga que nos vayamos al carajo. Y eso no nos afecta mucho.
Seamos de las primeras mariposas que aleteen. Pequeñas mociones de millones de gentes pueden
cambiar las cosas en algún grado.
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| Fecha: 2005-09-05 00:00:00 | por: |