DEL MESTIZAJE

Parque de Basura y Descuido
Fecha: 2005-09-27 00:00:00por: Ricardo Millán Licona (r_millan_l@yahoo.com.mx)

Un ahuehuete de gran altura, plantado sobre el cruce de la avenida Cantera y la Calzada de Los Misterios, parece la indicación de un polo cultural de la delegación Gustavo A. Madero, del Distrito Federal, en México.

Hacía el norte se inicia la antigua obra que dio servicio en el transporte de agua, el Acueducto de Guadalupe, en desuso desde hace más de un siglo. En este cruce, da inicio la propia Calzada de los Misterios que une esta zona de la Villa con el centro de la ciudad de México; en la esquina norponiente de este cruce se encuentra un parque que si bien recuerdo, cuando se estaba construyendo se decía que sería equivalente a la Alameda, pero en el norte de la ciudad; algunos le llamaron el parque de los caballos, porque anteriormente se alquilaban caballos en donde los niños podían disfrutar de un pequeño paseo sobre los lomos de los equinos, otros le llamaron el parque de Don Quijote.

Son las siete treinta de la mañana. Camino sobre los andadores del parque que parece oasis, no de un desierto, sino de colonias sembradas de casas de muchos estilos, ricas, pobres y decenas de automóviles, autobuses, microbuses. y motocicletas; sus conductores entonan sus “claxons”, tiene prisa para llegar a tiempo a la escuela de sus hijos, o a sus empleos, lejanos o cercanos, circulan sobre la avenida Cantera, aquí, por el rumbo de la Villa.

En la acera se comienzan a instalar algunos vendedores ambulantes que en el transcurso del día expenderán sus productos: sopes, quesadillas, dulces, discos. Aún son pocos, pero la situación amenaza con incrementarse y en poco tiempo, la banqueta se convertirá en un nuevo centro comercial ambulante – fijo, de los que abundan en las calles de la ciudad de México. Atrás de ellos, el verdor del parque por el que transito.

Un monumento colosal del escultor Víctor Manuel Gutiérrez, sobre una fuente, representa un símbolo del mestizaje entre españoles e indígenas, dando surgimiento a una nueva etnia, nosotros los mestizos. Otra fuente con tres esculturas de danzantes mexicanos. Brilla flotando sobre el agua, un colchón matrimonial que sirvió para el descanso y la dicha de un feliz matrimonio, hoy convertido en basura (el colchón).

El agua de las fuentes, relucen un color verdoso, tanto por lo reflejos de los árboles que la rodean, como por las microalgas que han encontrado en sus aguas estancadas el ambiente propicio para su crecimiento desmedido.

Dentro del parque, un montón de basura, quizá dos metros cúbicos, en el que destacan un cajón de madera, varios huacales, ropa vieja, papel bond y de estraza, envolturas, envases de plástico, cáscaras de fruta, residuos de comida. Dos pares de perros buscan entre el montón, su desayuno, algún alimento de provecho para solventar su hambre continua.

Otro perro, más afortunado, camina a lado de su dueño, es un perro fino, un labrador negro. El caminar del perro le ha provocado la necesidad de excretarse y lo hace, mientras que su amo complaciente lo espera el tiempo suficiente. Supongo que el amo sacará de entre sus bolsillos una bolsa de plástico para recolectar el excremento de su amigo cánido, pero no, ambos se retiran de la escena del delito, tranquilos, dejando la evidencia sobre el piso del andador. Algún zapato o zapatilla, la descubrirá para asco del propietario del calzado.

Casi en medio del parque se halla un ágora, no más de un metro bajo el nivel promedio general, bajando unas escaleras de pocos escalones hay unas bancas rodeadas de prados y plantas florales. En medio de la plazoleta, la escultura de una cantante o declamadora. Desafortunadamente, no hay acceso, el paso se impide por una reja de malla ciclónica que enturbia el paisaje totalmente. Sólo falta un letrero que diga “Prohibido el Paso a los Paseantes”, pero se entiende que así es, porque el área fue asignada como un lugar de descanso para personas de la tercera edad “Centro de Convivencia para Adultos Mayores, Santa Isabel Tola”.

Un sujeto se me acerca. Sus ropas son oscuras, grises, coloreadas por la mugre de muchos días. Huele a solvente de adhesivo, solicitándome con voz apagada y apenas perceptible una moneda, lo que sea, un tostón, un peso. Cerca de ahí una cabaña, que pretendió ser un restaurante, sobre el piso de una terraza techada, algo se mueve, es un individuo en situación de calle, que sale de entre un montón de papeles y una cobija roída, despertando a este nuevo día, a deambular, no tan lejos, sino en el mismo parque al igual que el pedigüeño de ropas oscuras.

Frente a la sala de conciertos Tepecuicatl, hay un quiosco que se antoja para escuchar algún día una banda de música como en los pueblos más pintorescos y tradicionales. Un grupo de personas vive en el quiosco, también son personas en situación de calle que han hecho de su vivienda ese recurso público.

Más al norte del parque, otra cabaña; una luz brilla, a través de la puerta se ve un foco que alumbra el interior de la construcción. Dos personas se encuentran afuera, una sentada en una silla frente a una pequeña mesa; la otra, de pie, bajo un letrero que dice “baños 2 pesos”; supongo que es la administración del parque. Ambas cabañas se antojan porque están rodeadas de árboles y su buen estado.

Algo me llama la atención: algunas fracciones, muchas, de los barandales de todo el parque han sido removidas de su lugar, arrancadas de tajo, tal vez cortadas. Abriendo decenas de accesos hacia los jardines cuyo prado ha dejado de crecer. En algunas secciones faltan hasta 10 metros de reja metálica, de hierro soldado. Trato de imaginar como fueron arrancados esos materiales, no lo logro; no pudo ser un paseante que por tratar de pasar al “pastito”, simplemente tomó el tejido metálico y lo quitó de su lugar; no, algo más grave y extraño ocurrió. El deterioro ha sido paulatino. ¿Qué malandrín sería capaz de planear una destrucción de ese tipo? No es fácil desprender las rejas sin herramientas. No lo logro entender. ¿A ese grado llega el robo?.

A lado de un andador que curvea, se encuentra una obra hidráulica que asemeja un riachuelo natural, muy agradable a la vista, excepto que en su interior no circula agua, sino que contiene basura que la gente arroja y que permanece ahí por mucho tiempo. El riachuelo termina, sigue un andador y se inicia otra fuente, que en este caso aloja una escultura imponente de Don Quijote de la Mancha y su fiel escudero Sancho Panza, también esculturas de Víctor Manuel Gutiérrez, cada quien descansando sobre su respectiva cabalgadura, el agua estancada también es de color verde; multicolor la superficie por la basura que flota en ella.

Más al norte de la obra escultórica, otro quiosco idéntico al anterior. Algunos jóvenes descansan en él, unos miran hacia insurgentes, otros hacia el parque, sus miradas perdidas, esperando que pase algo o alguien; sus mochilas también descansan a lado de ellos, quizá el asiento de su pupitre, en la escuela, también descanse.

Este será el panorama del nuevo hogar de Izcoatl y Ahuizotl, dos esculturas de Alejandro Cazarín, los Indios Verdes que cedieron su espacio anterior a las vialidades del Metrobús. Según las noticias, las esculturas será colocadas a partir de este mes de septiembre, después de echarles su “manita de gato”, aunque no veo alguna obra iniciada para la colocación; tal vez en el mes de octubre ya se puedan apreciar en este parque, espero que antes del 12 de Octubre, “Día de la Raza”.

El parque es conocido como Del Mestizaje, aunque su nombre oficial es el de Parque Recreativo y Cultural GAM (por las siglas de la delegación). Según información de la delegación el lugar que ocupa el parque correspondió al señorío prehispánico llamado "Zacacalcos". A mediados del siglo XVI se llamó "El Xaral" propiedad de Don Diego de Mendoza Austria Moctezuma y durante el porfirismo fue un anexo del rancho de "Atepoxco", propiedad del Ing. José Ma. Velázquez. El 18 de noviembre de 1978, fue inaugurado por el presidente del País José López Portillo, junto con los reyes de España Don Juan Carlos I y Doña Sofía.

En ese entonces, el parque relucía limpísimo, era atendido como un centro de recreación para la población de la Delegación Gustavo A. Madero. Hoy es un parque que denota descuido, hay basura por todas partes, estructuras metálicas y de concreto rotas, falta de vigilancia y paradójicamente lo llaman “Del Mestizaje”. Los Indios Verdes, llegarán a su nuevo sitio, espero que siquiera para ese día la Delegación le dedique un poco más de presupuesto para que lleguen a una casa limpia y ordenada, aunque sea para la foto, como acostumbran hacerlo.

Pero no hay que extrañarse, la Delegación entera así reluce.


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