¿DARWIN, O LA BIBLIA?

Fecha: 2006-01-09 00:00:00por: Leopoldo Sánchez Zuber (polozuber1@yahoo.com.mx)

En el periódico La Jornada del 23 de este mes aparece un interesante artículo del corresponsal David Brooks, que presenta una controversia que se está llevando a cabo en los Estados Unidos entre la idea darwinista de la evolución, y la metáfora bíblica sobre la creación del hombre.
Tomar las metáforas bíblicas en su sentido directo en vez de recibir el mensaje contenido en su sentido figurado es problema de algunas ramas del protestantismo, entre ellas la de los mormones. A falta de mayores conocimientos científicos, los sagrados escritores de la Biblia tuvieron que valerse de metáforas y parábolas para revelar verdades básicas de la existencia y de la convivencia. Era imposible que en tiempos del Génesis se hablara (y los lectores entendieran) del concepto de evolución. ¡Aún ahora hay muchos que no lo entienden! Era necesario usar imágenes de aquel medio cultural.
El artículo de La Jornada informa que en los Estados unidos “hay una batalla sin precedente para derrocar a Charles Darwin y su teoría de la evolución, una batalla que se libra desde distritos escolares... hasta la propia Casa Blanca y el Congreso”. ¡Increíble que el Congreso de los Estados Unidos pierda tiempo peleando con Charles Darwin!
Más adelante el artículo dice: “Algo llamado "diseño inteligente" es la "teoría" avanzada como contrapropuesta a la teoría de Darwin, y después de una década de inversiones multimillonarias... las fuerzas antidarwinistas han logrado su objetivo: colocar su "teoría" al centro del debate nacional...”
Yo soy un seglar cualquiera pero con orientación religiosa. Cada día leo en la Biblia salmos, epístolas, partes de los Evangelios. Sin embargo me parece ridículo que alguien trate de defender la intervención divina en la creación del hombre en base a una lectura al pie de la letra de la narración bíblica. Es poco probable que Dios se haya puesto a hacer monitos de barro. El mensaje que ofrece el Génesis detrás de la anécdota es más importante y mucho más impresionante que la anécdota misma, ya que se ha probado científicamente que en la materia ocurren movimientos ascendentes, como la transmutación de un elemento en otro cambiando el número de componentes del átomo, o agregando uno o más electrones en alguna de las órbitas.
Yendo más allá, más hondo que el ámbito de los electrones, de los protones y de los neutrones, nos encontramos con los ínfimos elementos de energía llamados quarks, que -según lo que ahora se conoce, o lo que hasta ahora yo conozco-, se agrupan para formar parte de los fermiones o primigenias partículas de materia. Siendo así, no es de sorprender que ese proceso de transformación de la energía en materia, esa evolución y ascenso de la materia, se haya continuado hasta las grandes expresiones siderales y redundar en la creación de la vida y de algo tan complejo como el ser humano.
Es más fácil aceptar que ese sofisticado proceso es dirigido por una mente (¿mente? Al hablar de la Divinidad tenemos que recurrir a vocablos de nuestra naturaleza) a una mente superior que “les dice” a los quarks cómo agruparse para transformarse en fermiones cada vez de mayor complejidad, y a éstos les dice cómo producir las partículas atómicas. Es más fácil aceptar esa presencia divina a la hora de la Creación que creer que de chiripa se formó una materia capaz de dar semejantes saltos. Si a pesar de todo insistiéramos en que esos saltos han ocurrido por casualidad, tendríamos que aceptar también una serie interminable de chiripas, y que esas chiripas se dieron en una sucesión ordenada para producir el ser más complejo del universo conocido: el ser humano. ¡Demasiado para chiripas!
Por otro lado, los quarks (energía]) tendrían que haber existido antes de que se creara la materia, o sea, que serían eternos, y tendrían la facultad y “la sabiduría” necesarias para crear una materia capaz, a su vez, de superarse hasta producir el ser humano. Eternidad, inteligencia, poder creador, o sea, que volvemos a encontrarnos con Dios, sólo que se trataría de un Dios cuya naturaleza sería intrínseca a la del Universo, estaría inmersa en él, lo cual es el panteísmo, alternativa todavía más distante del creacionismo que la evolución.
“Según el New York Times” –sigue diciendo el artículo de La Jornada-, “el "think tank" detrás de toda esta estrategia se llama Discovery Institute, con sede en Seattle...”. Y para mostrar los esfuerzos que hacen para que en las escuelas se divulgue el creacionismo, más adelante dice el artículo “De ahí, los comentarios de Bush (sí, George Bush, el presidente) y Frist, entre otros, proponiendo que se "enseñen ambas versiones", en las escuelas. ¡Qué insistencia en que el conocimiento y la cultura den paso atrás!
Es más lógico pensar que un Dios eterno, poderoso e inteligente echó a andar la evolución y le dio rumbo; es más fácil eso que imaginar a Dios haciendo monitos de barro.
No hay conflicto, pues, entre el darwinismo y la religión, mientras que sí lo hay entre el creacionismo, o "diseño inteligente", y la inteligencia del hombre, la razón del hombre.


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