Religión y Libertad de Expresión

Fecha: 2006-02-09 00:00:00por: Cristopher Ballinas Valdés (cristopherballinas@gmail.com)

Inclusión no significa aquí incorporación en lo propio y exclusión en lo ajeno. La «inclusión del otro» indica, más bien, que los límites de la comunidad están abiertos para todos, y precisamente también para aquellos que son extraños para los otros
La Inclusión del Otro. Jürgen Habermas
En días pasados fuimos testigos de como una pequeña nota periodística fue creciendo hasta ocupar los titulares. La impresión y divulgación de cartones en un periódico danés que representaban al profeta mahoma había despertado la furia de la comunidad musulmana. Las protestas fueron creciendo en proporción y latitudes hasta que devinieron en lo inevitable, la perdida de la vida de varias personas durante estas.

Desde nuestra absorta rutina cotidiana se nos hacia difícil creer como un puñado de cartones podrían crear tal reacción. Para los que nos toco crecer dentro de la cultura occidental este tipo de reacciones por parte del mundo musulmán nos parecían no solo exageradas sino incorrectas. Ya que ni tardos ni perezosos preferíamos escudarnos en valores básicos nuestra democracia occidental como la libertad de expresión, que tratar de profundizar en la verdadera raíz del problema. Quizás siguiendo un poco de la (mala) tradición judeocristiana, lanzamos la primera piedra sin estar libres de culpa.

Es evidente que un puñado de cartones puede desatar inconformidad, mas no protestas extremas. Pero la verdadera razón de las reacciones de los musulmanes a estos multicitados cartones no son los cartones mismos, sino un conjunto continuo de ofensas que vieron su mayor expresión en la publicación de aquella. Como suele decirse, los cartones fueron la gota que derramo el vaso.

Sin embargo, los que nos encontramos inmersos en el mundo occidental hemos sido presa, otra vez, de la manipulación de los medios de comunicación que en su afán de vendernos noticias disfrazadas esconden la verdad. Los sucesos comenzados en Dinamarca hacia mediados de septiembre pasado son solo la mitad de los hechos. Si bien es cierto que la comunidad islámica se ha visto agredida al ver que en periódicos occidentales se ha representado a su profeta Mahoma (el Islam prohíbe la representación de su profeta para evitar la idolatría), esta se ha hecho de una manera ofensiva, al retratarlo como un terrorista fundamentalista. Lo que hacía evidente una continua y sistemática agresión proveniente de ese país europeo, así como el resto del hemisferio occidental que en unos casos data del tiempo de las cruzadas, cuando occidente quería detener el crecimiento del poderío del Islam.

Estas agresiones han sido más evidentes en ciertos países de Europa, incluyendo Dinamarca, donde con el pretexto de la aplicación de las leyes occidentales se han emitido restricciones dirigidas a este grupo religioso en particular, como es la prohibición en la construcción de mezquitas, etc. Junto con esto, se les ha hecho a un lado de las discusiones públicas, lo que ha terminado creando una creciente tensión con la comunidad musulmana. Lo que es aun mas grave, ya que no es un mero asunto “entre particulares”, sino donde el gobierno ha venido participando de esta dinámica. Al final la publicación de los cartones alusivo al profeta Mahoma resultaron ser una provocación consciente y calculada de un periódico de derecha danesa para continuar con su campaña sistemática contra la comunidad musulmana. Los radicalismos existen en ambos lados de la moneda.

Viendo los resultados y como el problema ha llegado, hasta el momento, a la puerta de sus embajadas, puede pensarse que este se pudo haber solucionado si la actitud del periódico danés hubiera sido mas seria y comprometida y hubiera emitido una disculpa por la ofensa a los que se sintieran ofendido. Lo que es, dicho sea de paso, una práctica común en el periodismo serio. Sin embargo, al no sentir a los musulmanes como parte de su comunidad nacional (y en otros casos dignos de una disculpa) prefirieron evitarlo. Asumiendo que en todo caso las repercusiones estarían demasiado lejos, de ellos, y “en personas que no respetan la libertad de expresión”. Nada más fuera de la realidad, pues el que bien conoce a la sociedad musulmana sabe que se puede hablar de todo, incluso de temas muy conflictivos, siempre que uno aporte la tolerancia que espera el otro, a pesar de que el otro tenga una noción de la cultura dictada por sus propios tabúes.

Los periódicos suele escudarse en el derecho a la libertad para justificar mucho de sus contenidos. Sin embargo, en una evaluación mas profunda nos damos cuenta que estos poco ejercen este derecho pues en realidad responden al albedrío de sus empresas patrocinadoras y a la publicidad que estas mantienen. Su carácter serio, como divulgadores de noticias, se ve entonces transformado en un carácter meramente mercantilista. La justificación es el abuso de un derecho que no se está ejerciendo.

Los verdaderos demócratas sabemos que ninguna libertad es irrestricta. Las libertades tienen sus límites en los derechos de terceros. De ahí que existan sanciones por ley a la difamación, la calumnia y la ofensa. Restricciones a las libertades impuestas para la convivencia social. Se ejerce la libertad respetando los derechos de otros

Por ejemplo La Ley sobre el Odio Racial y Religioso aprobada la semana pasada por el Parlamento Británico pretende imponer penas y multas a aquellas personas que, escudadas en algún derecho o religión, instigan a un odio racial. Así, esta ley determina que cualquier "persona que use palabras o comportamientos amenazantes, o exhibe cualquier material amenazante, será culpable de un delito si intenta por medio de eso incitar al odio religioso". Así tipifica el hecho de "criticar, expresar antipatía hacia, abusar, insultar o ridiculizar cualquier religión, creencia religiosa o práctica religiosa". Sin embargo, no han faltado detractores que no han visto buenas intenciones de la ley, sino que la han tomado como una simple limitación a la libertad de expresión.

Es justo decirlo, esta ley ha sido fruto de un compromiso cumplido con la sociedad musulmana, pero al mismo tiempo era necesaria para el mejor entendimiento entre dos culturas que se encuentran tensión. Ha sido la mejor forma de empezar a tratar el problema de frente. Reconociendo que la sociedad contemporánea es fundamentalmente una sociedad de la diversidad o la pluralidad cultural no se erigen verdades absolutas. Una sociedad donde las mayorías y minorías étnicas, raciales, sexuales o culturales pueden exigir y ejercer sus derechos como los grupos sociales que durante décadas estuvieron al margen de la sociedad. Es una lucha por el reconocimiento por la dignidad y el respeto por la diferencia. Reconocernos en la diferencia es reconocernos en la tolerancia esa facultad humana que permite a los individuos acercarse sensiblemente a la esfera cotidiana del otro. Solo así, haremos respetar nuestros valores en la medida que respetemos los de los otros, como decía Octavio Paz. “Para que pueda ser yo, he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia”.

Oxford, Reino Unido



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