Religión y Libertad de Expresión
| Fecha: 2006-02-09 00:00:00 | por: |
Inclusión no significa aquí incorporación en lo propio y exclusión en lo ajeno. La «inclusión del otro» indica, más bien, que los límites de la comunidad están abiertos para todos, y precisamente también para aquellos que son extraños para los otrosLa Inclusión del Otro. Jürgen Habermas
En
días pasados fuimos testigos de como una pequeña nota periodística fue creciendo hasta ocupar los titulares. La impresión y divulgación de
cartones en un
periódico danés que representaban al profeta mahoma había despertado la furia de la comunidad musulmana. Las protestas fueron creciendo en proporción y latitudes hasta que devinieron en lo inevitable, la perdida de la
vida de varias
personas durante estas.
Desde nuestra absorta rutina cotidiana se nos hacia difícil creer como un puñado de
cartones podrían crear tal reacción. Para los que nos toco crecer dentro de la
cultura occidental este tipo de reacciones por parte del
mundo musulmán nos parecían no solo exageradas sino incorrectas. Ya que ni tardos ni perezosos preferíamos escudarnos en
valores básicos nuestra
democracia occidental como la
libertad de expresión, que tratar de profundizar en la verdadera raíz del problema. Quizás siguiendo un poco de la (mala) tradición judeocristiana, lanzamos la primera piedra sin estar libres de culpa.
Es evidente que un puñado de
cartones puede desatar inconformidad, mas no protestas extremas. Pero la verdadera razón de las reacciones de los musulmanes a estos multicitados
cartones no son los
cartones mismos, sino un conjunto continuo de ofensas que vieron su
mayor expresión en la publicación de aquella. Como suele decirse, los
cartones fueron la gota que derramo el vaso.
Sin embargo, los que nos encontramos inmersos en el
mundo occidental hemos sido presa, otra vez, de la manipulación de los
medios de comunicación que en su afán de vendernos
noticias disfrazadas esconden la verdad. Los sucesos comenzados en
Dinamarca hacia mediados de
septiembre pasado son solo la mitad de los hechos. Si bien es cierto que la comunidad islámica se ha visto agredida al ver que en
periódicos occidentales se ha representado a su profeta Mahoma (el Islam prohíbe la representación de su profeta para evitar la idolatría), esta se ha hecho de una manera ofensiva, al retratarlo como un terrorista fundamentalista. Lo que hacía evidente una continua y sistemática agresión proveniente de ese
país europeo, así como el resto del hemisferio occidental que en unos casos data del
tiempo de las cruzadas, cuando occidente quería detener el crecimiento del poderío del Islam.
Estas agresiones han sido más evidentes en ciertos
países de
Europa, incluyendo
Dinamarca, donde con el pretexto de la aplicación de las
leyes occidentales se han emitido restricciones dirigidas a este
grupo religioso en particular, como es la prohibición en la
construcción de mezquitas, etc. Junto con esto, se les ha hecho a un lado de las discusiones públicas, lo que ha terminado creando una creciente tensión con la comunidad musulmana. Lo que es aun mas grave, ya que no es un mero asunto “entre particulares”, sino donde el
gobierno ha venido participando de esta dinámica. Al final la publicación de los
cartones alusivo al profeta Mahoma resultaron ser una provocación consciente y calculada de un
periódico de derecha danesa para continuar con su
campaña sistemática contra la comunidad musulmana. Los radicalismos existen en ambos lados de la
moneda.
Viendo los resultados y como el problema ha llegado, hasta el momento, a la
puerta de sus
embajadas, puede pensarse que este se pudo haber solucionado si la actitud del
periódico danés hubiera sido mas seria y comprometida y hubiera emitido una disculpa por la ofensa a los que se sintieran ofendido. Lo que es, dicho sea de paso, una práctica común en el periodismo serio. Sin embargo, al no sentir a los musulmanes como parte de su comunidad
nacional (y en otros casos dignos de una disculpa) prefirieron evitarlo. Asumiendo que en todo caso las repercusiones estarían demasiado lejos, de ellos, y “en
personas que no respetan la
libertad de expresión”. Nada más fuera de la
realidad, pues el que bien conoce a la
sociedad musulmana sabe que se puede hablar de todo, incluso de temas muy conflictivos, siempre que uno aporte la tolerancia que espera el otro, a pesar de que el otro tenga una noción de la
cultura dictada por sus propios tabúes.
Los
periódicos suele escudarse en el
derecho a la
libertad para justificar mucho de sus contenidos. Sin embargo, en una evaluación mas profunda nos damos cuenta que estos poco ejercen este
derecho pues en
realidad responden al albedrío de sus
empresas patrocinadoras y a la
publicidad que estas mantienen. Su carácter serio, como divulgadores de
noticias, se ve entonces transformado en un carácter meramente mercantilista. La justificación es el abuso de un
derecho que no se está ejerciendo.
Los verdaderos demócratas sabemos que ninguna
libertad es irrestricta. Las libertades tienen sus límites en los
derechos de terceros. De ahí que existan sanciones por
ley a la difamación, la calumnia y la ofensa. Restricciones a las libertades impuestas para la convivencia
social. Se ejerce la
libertad respetando los
derechos de otros
Por ejemplo La
Ley sobre el Odio Racial y
Religioso aprobada la
semana pasada por el Parlamento Británico pretende imponer penas y multas a aquellas
personas que, escudadas en algún
derecho o
religión, instigan a un odio racial. Así, esta
ley determina que cualquier "
persona que use
palabras o comportamientos amenazantes, o exhibe cualquier
material amenazante, será culpable de un delito si intenta por
medio de eso incitar al odio
religioso". Así tipifica el hecho de "criticar, expresar antipatía hacia, abusar, insultar o ridiculizar cualquier
religión, creencia
religiosa o práctica
religiosa". Sin embargo, no han faltado detractores que no han visto
buenas intenciones de la
ley, sino que la han tomado como una simple limitación a la
libertad de expresión.
Es justo decirlo, esta
ley ha sido fruto de un
compromiso cumplido con la
sociedad musulmana, pero al mismo
tiempo era necesaria para el mejor entendimiento entre dos culturas que se encuentran tensión. Ha sido la mejor forma de empezar a tratar el problema de frente. Reconociendo que la
sociedad contemporánea es fundamentalmente una
sociedad de la diversidad o la pluralidad
cultural no se erigen verdades absolutas. Una
sociedad donde las mayorías y minorías étnicas, raciales, sexuales o culturales pueden exigir y ejercer sus
derechos como los
grupos sociales que durante décadas estuvieron al margen de la
sociedad. Es una lucha por el reconocimiento por la dignidad y el respeto por la diferencia. Reconocernos en la diferencia es reconocernos en la tolerancia esa facultad humana que permite a los individuos acercarse sensiblemente a la
esfera cotidiana del otro. Solo así, haremos respetar nuestros
valores en la medida que respetemos los de los otros, como decía Octavio Paz. “Para que pueda ser yo, he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia”.
Oxford, Reino Unido
Más artículos de Cristopher Ballinas Valdés
Artículos de hoy en Lapalabra.com
| Fecha: 2006-02-09 00:00:00 | por: |