¡LOS SAKURA LLEGARON YA!

Fecha: 2006-04-04 22:57:53por: Víctor Pérez Godoy (victor@mexico.com)

Llegaron los SAKURA y con ellos la primavera. No que este invierno haya sido demasiado inclemente en Tokio.

De hecho fue un invierno extrañamente templado, con excepción de una nevada record de casi treinta centímetros y de un par de nevadillas más, que no pintaron ni el suelo. Eso sí, muchas ráfagas heladas y algunos días lluviosos en febrero.

Pero llegó la primavera, con esa mezcla de frío y calor, de luz y nubes.

Y con la nueva estación también se renovaron la vida y el colorido de las plantas.

Y qué mejor símbolo de ese renacimiento, que la floración de los cerezos o sakura, como se llaman en japonés.

De acuerdo a la tradición del país, la primavera trae consigo la locura, y efectivamente, mucha gente aprovecha esta temporada para dispararse un poquito hacia arriba. En marzo el sonido de las ambulancias es más frecuente. No son pocos aquellos locuaces que deben ser rescatados del techo de su casa. Incluso las embajadas extranjeras reciben llamadas de personas que "se sienten perseguidas".

Pero ese estupor dura solamente unos días. En el momento que comienzan a florecer los cerezos la locura se transforma en entusiasmo.

Y es que no existe en este país una persona que no se conmueva con el espectáculo de los cerezos en flor.

Por escasos días, alrededor de todo Japón, la gente se reúne en grupos a celebrar la vida bajo los sakura. Este ritual se llama "hanami" y tiene sus bases en el sintoismo animista.

Los parques se llenan de grupos de amigos, de familias, de compañeros de trabajo. Es tal la multitud que resulta difícil conseguir un lugar bajo cientos de árboles, de ahí que muchas compañías envíen al shinjin (novato) en turno para apartarle lugar a los demás.

El hanami consiste en reunirse a comer y beber sake o cerveza bajo los cerezos. Simplemente pasar un rato agradable entre amigos. Es la celebración del año que comienza (casualmente en Japón el año fiscal empieza en abril y con éste, las compañías reciben a sus nuevos empleados y las escuelas inician el año escolar)

Esta vez fui en dos ocasiones, una de ellas al cementerio de Aoyama, uno de los más grandes y antiguos de Tokio y que por ende está lleno de árboles de cerezo. Para la mente de corte occidental resulta punto menos que absurdo ponerse a comer y beber al atardecer y rodeado de tumbas, pero para la gente japonesa lo que cuenta es que ahí también hay cerezos y por tanto hay que acudir.

Cada año, al experimentar el gozo que me causa ver el sakura no puedo evitar evocar otro tipo de floración que fue definitiva en mi vida, la de la jacaranda en México.

Ver esa lluvia morada que caía de las alturas y que luego llenaba las calles de Coyoacán.

Recuerdo cómo me encantaba pisarlas para escuchar el sonido del aire que salía, como si se fuera un globo pequeño.

Constantemente me pregunto por qué los mexicanos no tenemos el mismo entusiasmo por las jacaranadas que los japoneses expresan ante el cerezo.

Estoy seguro que los japoneses que viven en nuestro país, cada año se deben maravillar ante el espectáculo morado de las jacarandas.

Sí, sí, ya sé. Los mexicanos no somos animistas y por lo tanto no encontramos a la divinidad en la naturaleza. Pero no quiero ponerme negativo y comenzar a perorar acerca del cuidado del medio ambiente, eso será en otro momento.

Ahora sólo quisiera ser capaz de transmitirles mi alegría ante los cerezos. Quisiera ser capaz de decirles que vale la pena honrar el hecho de que cada año, puntualmente, los cerezos aquí y las jacarandas allá, no faltan a la cita, a una cita sencilla cuyo propósito es el de simplemente recordarnos que la vida es color.

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Fecha: 2006-04-04 22:57:53por: Víctor Pérez Godoy (victor@mexico.com)