PLANTAS DE TRATAMIENTO INEFICIENTES

Fecha: 2006-04-29 04:35:38por: Ricardo Millán Licona (r_millan_l@yahoo.com.mx)

En México, las plantas de tratamiento de aguas operan ineficientemente por mal diseño, falta de capacitación y falta de presupuesto.

Es crítico el porcentaje que México presenta en materia de tratamiento de aguas residuales: alrededor del 15 % del agua residual en el País pasa por algún sistema de tratamiento, pero eso no es todo, de ese porcentaje sólo el 30 % opera eficientemente, es decir que cerca del 5 % del agua residual es tratada realmente, hasta cumplir con la calidad que la ley demanda, el resto, el 95 % se arroja a los lagos, ríos, mares o suelos, contaminándolos irremediablemente. Esto no es nuevo para nadie, ya que cada vez que salimos a pasear, pasamos cerca de alguna corriente o embalse y nuestra vista u olfato nos indica la presencia de contaminación del agua.

La falta de eficiencia en las plantas de tratamiento, se debe a que algunas fueron adquiridas como “plantas paquete” prediseñadas, asumiendo que las aguas residuales tienen el mismo comportamiento en cualquier planta, lo cual, se sabe, es falso. Cada planta de tratamiento debe de estar diseñada específicamente como “trajes a la medida”.

En otros casos, las plantas de tratamiento son muy antiguas habiendo agotado su vida útil, las cuales presentan fracturas, equipos obsoletos e inservibles. Por otro lado, algunas plantas nuevas operan ineficientemente debido a que los equipos instalados son sofisticados traídos del extranjero, cuando uno de estos equipos falla, es difícil la importación de refacciones. Si un equipo se detiene por una falla, se deben esperar varios meses para que llegue la refacción y los técnicos, también extranjeros, que repararen el equipo.

Como ocurre en muchas ocasiones, el “ingenio del mexicano” sale a relucir, logrando hacer funcionar los sistemas, que aunque no es lo deseable, debemos de agradecer a los operadores ingeniosos tal virtud, al proteger, indirectamente, la salud de los habitantes.

La falta de estudios previos al diseño y construcción de las plantas de tratamiento, como es la caracterización de las aguas residuales a tratar, y la realización de pruebas de tratabilidad, hacen que el diseñador cometa errores graves, sobre todo en el tamaño de las plantas y en la selección de los procesos de tratamiento.

Este factor reviste mayor importancia en las plantas para el tratamiento de aguas residuales industriales: una planta que trata 100 metros cúbicos de agua residual de una industria procesadora de helados, suele ser muy diferente a una planta que trate 100 metros cúbicos de agua residual de una industria deshidratadora de huevo o embotelladora de refrescos o elaboradora de embutidos o que fabrica perfumes o una papelera o etcétera, etcétera, etcétera .

Incluso, dos industrias del mismo giro requerirán plantas de tratamiento diferentes para tratar un mismo caudal. El primer factor es la cantidad de materia contaminante que contienen esos 100 metros cúbicos y el segundo factor es el tipo de material contaminante, aún siendo materia orgánica “biodegradable”. No es lo mismo “biodegradar” huevo que celulosa; ni azúcar que perfumes; ni excretas que carne.

Un diseñador hábil y honesto deberá de proponer la elaboración de estudios previos, antes de invitar al industrial a adquirir una planta de tratamiento, de lo contrario será un diseñador hábil, pero deshonesto. Por su parte, el industrial, no deberá aceptar un ofrecimiento de plantas paquete casi mágicas que tratan de todo, so pena, de perder su inversión o de perder su tiempo en demandas comerciales contra el proveedor deshonesto, a las cuales debe estar acostumbrado. El industrial, deberá exigir la realización de estudios previos que comprueben la eficiencia de lo que el proveedor ofrece.

Una prueba de tratabilidad se realiza en una planta pequeña, a escala de laboratorio, que asemeja la planta que se pretende instalar, alimentándola con el agua residual a tratar y aplicándole variaciones en los procesos, hasta encontrar las características exactas del tratamiento que el agua requiere para su depuración máxima. Si un proceso falla, se prueba otro hasta encontrar el óptimo. Cosa fácil y no costosa, comparada con el riesgo de perder la inversión total de la planta y enfrentarse ante las autoridades ambientales por no cumplir con las normas oficiales mexicanas en materia de aguas residuales.

La planta de tratamiento a escala real deberá de tener las mismas características resultantes de la prueba de tratabilidad, de lo contrario, lo aseguro, la planta fallará irremediablemente.

El primer resultado de las pruebas podrá indicar si el agua residual a tratar, se depura con un sistema biológico; en cuyo caso, funcionará un procesos químico, también decidido mediante pruebas de laboratorio.

Otros factor de importancia para que una planta de tratamiento falle, asumiendo que está bien diseñada, construida y equipada, es la falta de capacitación del personal que la opera. Lo anterior no significa que para operar una planta de tratamiento se deba de tener grado de doctor, sino que sea cual fuere el nivel de estudios del operador, se le debe de capacitar intensiva y continuamente para la planta que opera. Proporcionándole cursos internos de acuerdo a cada uno de los componentes del sistema del cual es responsable.

Claro, todo tiene un costo y tanto los estudios previos como los cursos de capacitación cuestan, además de la asesoría para guiar paso a paso al comprador de la planta para asegurar una buena compra, cuesta.

Y aquí es donde entramos al presupuesto: “no hay presupuesto” no sólo para la adquisición de la planta, sino también para los gastos pequeños de mantenimiento de unidades en plantas existentes, ni para estudios, asesorías y capacitación. Quizá este sea el factor más importante de la falla de los sistemas de tratamiento. “No hay presupuesto” es la queja de empresas privadas y dependencias gubernamentales.

No hay presupuesto para tratar el agua; mientras el agua se acaba, no hay presupuesto para la protección de la salud de la ciudadanía.

Y efectivamente, no hay presupuesto para esta prioridad nacional. Ojalá lo hubiera; no sólo en los discursos caducos o en los foros mundiales del agua y en los debates “reality show” de hoy en día.


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