De mis 27

Fecha: 2006-11-05 21:44:42por: Vanessa Nieto Terrazas (io@lapalabra.com)

De mis 27 atesoro:

El silencio de esta noche fresca y el brillo de esa estrella que ilumina mi balcón.
La cuna en la que mi madre forjó mi carácter en base a ejemplos vivos, el hambre que me inyectó para buscar y seguir buscando, su esfuerzo por comprender y amar a esta criatura venusina monje con vocaciones extrañas, tan lejanas a ella misma.
La presencia de mis abuelos y su interminable amor.
Los veranos con mis primos.
Los últimos abrazos con mi hermano, lo han sido todo.
La incondicionalidad de mi familia.
Las tardes de juego.
Las millones y millones de fotografías que he tomado desde el primer instante que mis dedos tomaron una cámara. Cada foto encierra una emoción.
Mis dedos manchados de tinta.
Los abrazos en silencio bajo la lluvia.
La paz que he sentido aun rodeada de turbulencia, por solo haber tomado tu mano.
La fuerza que puede encontrarse en dos miradas que seguras se encuentran y deciden caminar hombro con hombro.
El trabajo en equipo en la fabricación de arte vivo, la comunión de los esfuerzos por una meta, la entrega por la convicción, la sangre corriendo en las venas al unísono y con la misma intensidad en más de dos personas al mismo tiempo. Indescriptible.
Los besos a escondidas
Una borrachera.
La amabilidad de la gente con la que no he coincidido más de unos instantes.
El amor de mis amigos.
Los encuentros con Laila y Maurillio en Madrid, presencias fugaces e intensas, de presentes ya totalmente desconocidos, seres que me dejaron ser su Angel.
Mi capacidad de observar, de nunca aburrirme.
Muchos libros.
Muchas canciones.
Muchas películas.
Mi amor por los animales.
Mi capacidad de reírme de mi misma que trabajo para no perder.
La fuerza a veces desconocida que me trajo hasta aquí a aprender de todos y de todo.
La nueva conciencia de mi América Latina a la que ahora amo.
La patria en la que tuve la suerte de nacer.
Todos los “si” que dije por amor.


De mis 27 rescato
El aprendizaje doloroso de las traiciones que dejaron cicatrices en mi piel de foca.
Las iniciales de aquellas que en algún momento se dijeron mis amigas y que nunca lo serán. Lo que me dieron en su momento, lo que me dejaron darles.
Las pocas hojas que quedaron en mi libro de amistad.
Los pedazos de mi corazón que se reconstruye incansable.
Las enfermedades que me tatuaron un “respétate…cuídate”
La fuerza que reúno para tirar en el lavamanos los complejos cada mañana.
Los golpes que me enseñaron a distinguir las miradas sinceras de las hipócritas, de las peligrosas.
El saber, aceptar y digerir que la idiotez es universal, no propia de alguna tierra, así como la incompetencia.
Las lágrimas que surcaron mis mejillas después de mis errores, de mis arrepentimientos más hondos, de mis pesares de pesadilla.
La intención llena de torpeza de mi padre por tratar de demostrarme que me quiere de tantas maneras equivocadas.
Todos los años que me llevó poder decirle al menos lo que pienso.
La gente que nunca dejó apagar su brillo en mi escuela de mente escueta
La moraleja de todos los “no” que no supe decir por miedo.
La sinceridad tajante que después de todo me he prometido tener conmigo y con los demás.
Este tiempo lejos, porque encontremos la verdad…

De mis 27 termino por pensar que siendo el primer año lejos, el primer año nuevo, el primer año en que tuve la enorme suerte de estar rodeada de gente nueva que hace tan solo 8 meses no existía en mi mundo, y que me dio tanto y tanto amor que me vuelvo a conmover hasta las lágrimas, tantos detalles… tantas miradas sinceras, tantos abrazos, tantas sonrisas emocionadas, tantas ganas de verme bien y feliz…

Hoy… a mis 27, no tengo en mente más que pensar y sentir gracias…
Gracias por tanto, gracias por todo… y en el marco de la puerta de la habitación, de este departamento, de este edificio en la calle senillosa, en esta ciudad de Buenos Aires, en esta Republica Argentina, en este continente donde está casi todo lo que amo que habita este mundo, hago el recuento hacia atrás y en mis venas vive todo, sobre mis poros corre todo esto y nada al mismo tiempo, porque todo está y no, y en ese marco de esa puerta corre una lágrima de emoción por pensar todo esto en tan solo un minuto, una lágrima lejana y aún así presente.



V.


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Fecha: 2006-11-05 21:44:42por: Vanessa Nieto Terrazas (io@lapalabra.com)