EL CICLO DEL EXCREMENTO
| Fecha: 2006-11-23 00:27:53 | por: |
En
México, no se tienen
estadísticas precisas del ausentismo laboral ocasionado por
enfermedades originadas por el consumo del
agua contaminada. La
economía del País se ve afectada fuertemente por las
enfermedades de origen hídrico.
Cuando nos lavamos las manos, nos bañamos o jalamos la palanca del mueble sanitario, al abrigo de nuestros cómodos hogares, nos olvidamos del destino que tienen las
aguas que acabamos de ensuciar. El camino de las
aguas, en la mayoría de las
casas, son las tuberías del drenaje interno, se descargan al sistema de alcantarillado de la
ciudad en que vivimos, de ahí a los colectores y en el mejor de las situaciones, a una planta de tratamiento. En general, el destino final de las
aguas residuales es el mar,
días después en que las desechamos. Nadie pensamos en ese camino y destino.
Tampoco se piensa en los millones de personas en el
mundo, que carecen de los servicios de saneamiento. Sus habitaciones carecen de baños, muebles sanitarios, drenaje y mucho menos sistemas de tratamiento de sus
aguas. Los desechos humanos son descargados en cualquier sitio. De acuerdo al Informe de Desarrollo Humano 2006, alrededor de 2,600 millones de personas en el
planeta, carecen de acceso a un saneamiento mejorado.
En
México, sólo el 76% de los hogares se encuentran conectados a los sistemas de alcantarillado, estos significa que cerca de 30 millones de personas no cuentan con el servicio de drenaje.
El saneamiento consiste en tener un hábitat humano sano, en donde la limpieza conlleve a la reducción de
enfermedades que evitan el aprovechamiento de su potencial humano y
desarrollo.
Con este concepto, si los gobiernos tuvieran realmente el interés de proporcionar a sus gobernados un ambiente sano y digno, la prioridad sería el abastecimiento del
agua y su saneamiento. Pero no solamente en sus discursos de campaña electoral, sino en los hechos, aunque los resultados no se observaran en los plazos inmediatos, arriesgando la disminución de la popularidad del gobernante. En el mediato y largo plazo, los resultados redundarán en todos los sectores. Los niveles de saneamiento son catalizadores de bienestar individual y social, además de repercutir positivamente en el ámbito económico como una respuesta a la disminución de las ausencias laborales y menor incidencia de
enfermedades infecciosas.
Para el saneamiento del
agua se requiere de la existencia de la
infraestructura suficiente que capte y depure las
aguas residuales, de tal manera que la contaminación sea alejada de los habitantes y eliminada en los sistemas de tratamiento evitando la transmisión de
enfermedades de origen hídrico; además de reutilizar las
aguas en actividades productivas o de beneficio social.
Se ha demostrado que una gran cantidad de
enfermedades se transmiten por la vía del
agua, a saber:
fiebre tifoidea, paratifoidea, shigelosis y la recientemente descubierta infección por Helicobacter Pilory que puede causar úlceras gástricas y hasta
cáncer; además de
infecciones por protozoarios como la amebiasis y giardiasis; las producidas por helmintos (lombrices intestinales) como la Taenia solium y Ascaris lumbricoides y las virales. En todos los casos estas
enfermedades son transmitidas por el consumo de
agua “limpia” contaminada con
aguas residuales.
En
México, no se tienen
estadísticas precisas del ausentismo laboral ocasionado por
enfermedades con síntomas diarreicos originados por el consumo del
agua ni tampoco de la magnitud de
atención médica en los consultorios públicos y privados para obtener la sanidad de los pacientes con
infecciones gastrointestinales. El ausentismo es pagado por la reducción de la
productividad de las
empresas; la consulta y medicación privados son solventados por los propios afectados, mientras que la
atención médica pública se paga con el
presupuesto gubernamental, pero en general, la
economía del País se ve afectada fuertemente por las
enfermedades de origen hídrico.
El jugoso
negocio de la farmacoindustria, debe su
éxito a la deficiente
infraestructura hidráulica sanitaria. Medicamentos antidiarreicos, antibióticos y desparasitadores se venden al por mayor para sanar a los infectados y reinfectados por los gérmenes contenidos en el
agua. No imaginamos las grandes ganancias que representa la
venta de antiácidos, requeridos para aliviar temporalmente la gastritis y úlceras gastroduodenales inducidas por la Helicobater pylori transmitida por el
agua “potable” contaminada con el líquido de las cloacas.
Los especialistas del Informe de Desarrollo Humano 2006, estiman que por cada unidad monetaria invertida para la dotación de
agua y saneamiento con calidad, retornará un beneficio económico de 8 unidades monetarias.
Si el parámetro de medición de los efectos causados por las
enfermedades de origen hídrico es la calidad de
vida, se podrá observar fácilmente que el costo es aún más grave; el padecimiento de los dolores, fiebres, deshidratación e incluso la muerte de los individuos enfermos, redunda en el sufrimiento de ellos mismos y de sus familiares. Quienes más sufren los síntomas de las
enfermedades ocasionadas por el
agua son los
niños y los adultos mayores.
Las capitales y cabeceras municipales presentan, en menor grado, las deficiencias del saneamiento; debido a que en esas localidades residen los jefes de
gobierno y a la cercanía de las
viviendas, requiriendo de menores cantidades de tubería para la captación de las
aguas residuales; sin embargo, los datos que reportan las autoridades con respecto a la cobertura de alcantarillado es engañoso ya que algunas tuberías, aún en las ciudades modernas como la
ciudad de México, datan de varias décadas y hasta un siglo, encontrándose rotas, permitiendo la fuga del
agua sucia, infiltrándose a los acuíferos superiores e inferiores, disgregando la contaminación en el entorno acuático, incluso al
agua para uso potable. En este aspecto, las fugas de
agua residual penetran de una manera más directa, envolviendo las tuberías de
agua potable, también rotas, logrando su penetración al sistema de abastecimiento; a los hogares llega
agua contaminada por materia orgánica y principalmente por bacterias, protozoarios, helmintos y virus, aportados por individuos enfermos: un círculo vicioso, el ciclo del excremento.
En las zonas
rurales, el panorama es aún más crítico, la distancia entre las
viviendas hacen que sea prácticamente imposible instalar una
red de alcantarillado, por lo que las excretas son desechadas sobre el suelo. Los jefes de
familia no pueden invertir, dados sus bajos ingresos, en la adquisición de muebles sanitarios, letrinas sanitarias, fosas sépticas o sistemas de tratamiento familiares. Los excrementos secos se dispersan por acción del viento hacia los hogares, contaminando los alimentos y el
agua potable, que por cierto, pudo haber sido traída desde grandes distancias. Cabe hacer notar que la sequedad de las heces no mata microorganismos, sino que los mantiene en estado de latencia, hasta que se presentan condiciones de humedad suficientes para su reproducción e infestación.
Es común que algunos ecologistas de cuello blanco, suelen acusar a la falta de
cultura de la ciudadanía como la causante de la contaminación del
agua, pero no es así, en todos los casos, son los gobiernos los responsables directos de esta ocurrencia, comenzando por ser los promotores de la
pobreza, compañera inseparable de las
enfermedades. Es también, el
gobierno, el responsable de las carencias y mal estado de las redes de alcantarillado al no haber implantado programas permanentes de mantenimiento y renovación de tuberías; ahora ya parece imposible la sustitución de las tuberías rotas: son miles de kilómetros de tubería que hay que reponer: el rezago en esta materia es de varias décadas. Ante esta ineptitud, ahora se atreven a proponer la
privatización de los sistemas de abastecimiento del
agua y su saneamiento.
Son los gobiernos los culpables del bajo porcentaje del tratamiento aplicado a las
aguas residuales para su aprovechamiento o retorno al medio natural.
Para los especialistas del Informe de Desarrollo Humano 2006,
México tiene una cobertura de tratamiento de
aguas residuales de menos de una quinta parte de las
aguas residuales generadas. Datos más actualizados indican que el caudal de
aguas residuales que recibe tratamiento es del 24 %; destacando los estados de
Aguascalientes y
Nuevo León con más del 90 % y el Estado de
Hidalgo que tiene una cobertura de menos del 1 %.
También llama la atención que la capital del País, el
Distrito Federal, cuente con sólo el 14 % de
infraestructura destinada al tratamiento de sus
aguas residuales.
Con un porcentaje menor al 10 % se encuentran los estados de
Campeche,
Yucatán,
Oaxaca,
Zacatecas,
Chiapas y
Michoacán; le siguen los estados de
México,
Veracruz, ,
Puebla,
Tlaxcala,
Querétaro,
Jalisco,
San Luis Potosí,
Tabasco y
Guerrero, además del
Distrito Federal, tratando más del 10 % y menos del 20 %; entre el 30 y el 40 %, se cuentan
Colima,
Morelos,
Guanajuato,
Coahuila,
Sonora y
Tamaulipas; con una cobertura de tratamiento entre el 40 y el 70 %, se tienen los estados de
Nayarit,
Sinaloa, Baja
California,
Quintana Roo,
Durango,
Baja California Sur, y
Chihuahua.
Las
estadísticas reportan únicamente el “caudal tratado”, sin especificar la eficiencia ni la calidad de las
aguas obtenidas; destaca, por ejemplo, la consideración de fosas sépticas como plantas de tratamiento que bien se sabe, no proporcionan
agua tratada de la mejor calidad. También se tienen sistemas de tratamiento mecanizados que pueden producir
aguas depuradas de gran calidad, pudiendo ser utilizadas para reúso en servicios al público con contacto humano, directo o indirecto.
Estos porcentajes, halagadores en algunos estados y en otros, verdaderamente decepcionantes, pueden resultar también engañosos, ya que muchas de estas plantas operan deficientemente, ya sea por su antigüedad, por mal diseño, mala
construcción o simplemente por falta de mantenimiento o mala operación; en algunos casos, las plantas requieren de ampliación, debido a que el caudal de
alimentación ha sobrepasado su capacidad, operando en subdiseño.
Llama la atención que los estados
mexicanos que tienen una capacidad de tratamiento de
aguas residuales mayor al 40 %, son los que quedan del centro del País hacia el norte, a excepción de
Quintana Roo. Caracterizándose también por tener mayor capacidad económica.
México tiene
empresas y centros de
investigación que cuentan con
tecnologías apropiadas para el diseño y
construcción; ampliación o rehabilitación de los servicios de potabilización del
agua, así como para la implantación, ampliación y rehabilitación de los sistemas de captación y tratamiento de
aguas residuales, por lo que las deficiencias sólo pueden ser atribuidas a la falta de interés
gubernamental para la asignación de partidas presupuestales para el
agua y su saneamiento.
Aunque en el medio
rural el rezago y el panorama es más crítico, la solución se observa más viable, siempre y cuando exista el
presupuesto suficiente. Desde principios del siglo pasado, después de que las excretas se recolectaban con carreta de mulas para disponerse en tiraderos, se difundió la
construcción de letrinas sanitarias: una fosa excavada en el suelo, colocando un mueble sanitario de madera sobre la excavación, parecía suficiente para el alejamiento de la materia fecal; cuando el cajón se llenaba de las heces, se excavaba un nuevo hoyo. La
tecnología ha cambiado y ahora existen desde letrinas que se limpian periódicamente para seguirlas utilizando, hasta sistemas de tratamiento familiares que pueden proporcionar
agua tratada para el riego de huertas y jardines. Sólo se coloca una tubería de la
casa al sistema, no haciendo falta
construir una
red de alcantarillado para la localidad.
Ciertamente, resultará en menor
inversión si se construye una planta de tratamiento que traté las
aguas residuales de toda la comunidad; pero el costo de capital se verá afectado por la
construcción de grandes longitudes de tubería para captar el
agua a tratar.
La experiencia de países subdesarrollados ha mostrado que la colocación de letrinas de bajo costo, tecnológicamente eficientes, ha reducido notablemente la propagación de
enfermedades de origen hídrico (la instalación de letrinas sanitarias mejoradas ha provocado una reducción de hasta el 30 % de las muertes infantiles), pero desafortunadamente, a pesar de los bajos costos de los dispositivos, las
familias carecen de los medios monetarios para adquirirlos. Es en donde los gobiernos en sus tres niveles deben de participar, no en licitar nuevos estudios, sino en aportar los recursos económicos y las guías tecnológicas para que las comunidades construyan e instalen sus propias letrinas, adapten a sus necesidades y las mantengan en óptimo estado de funcionamiento.
El problema de la equidad económica es el más importante: mientras que en las ciudades, el habitante paga unos cuantos centavos por concepto de drenaje y tratamiento de sus
aguas residuales, el poblador
rural tiene mayores gastos al adquirir e instalar su letrina sanitaria, además de realizar su mantenimiento. Por el contrario, el nivel de ingresos del citadino es considerablemente mayor a los residentes de las localidades
rurales, en la mayoría de los casos.
En las ciudades y localidades urbanas se deberán
construir nuevas redes de alcantarillado y plantas de tratamiento a una magnitud suficiente o rehabilitar las existentes para captar y tratar más del 90 % de las
aguas residuales generadas por la población, ampliándolas siempre, de tal manera que se mantenga permanentemente la cobertura por arriba de ese porcentaje.
En las agendas políticas se deberá de incluir un nuevo renglón: el de la
cultura del
agua, dándole mayor importancia al saneamiento, ya que como se ha visto, no basta con dotar de
agua limpia a la población, sino que se debe de acompañar inseparablemente de los servicios de remoción de los excrementos; de lo contrario, los problemas actuales de
salud pública relacionados con el
agua, continuarán e incluso se incrementarán.
Esto parecerá una utopía; sin embargo, el esfuerzo de los ciudadanos para exigir a los gobiernos el cumplimiento de sus principios básicos en materia de
salud pública de las promesas electorales, conducirán a la
construcción de un
México sano y limpio, al menos en materia de
agua.
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