y... ¿!qué nos pasó!?
reencuentro con el pasado
| Fecha: 2007-02-13 04:03:12 | por: |
"No eres víctima de nadie, eres cómplice de tu propio nivel de conciencia"Alfonso Ruíz Soto
Me parece que dentro de algunos años cuando haga una de esas limpiezas al closet, al ver las
fotografías de graduación de la
secundaria o preparatoria me encontraré de nuevo igual de sorprendida como me encuentro esta noche.
Reencuentro con "viejas amistades" el que tuve, la visita obligada de cada semestre en el que me empapo de chismes nuevos, actualizo la
vida de zutana o mengana, donde vienen de pronto risas ya antiguas, muy usadas y desgastadas pero risas al fin; son estas noches en las que después de la velada me vienen mil preguntas a la cabeza, después de las risas que en verdad quisieran ser motivos para francas reflexiones.
Y sí, ¿cómo no querer usar de pretexto para pensar, el hecho alarmante e inexplicable (para mi) de saber que una
mujer (o varias) de mi generación está a punto de casarse porque YA TIENE que hacerlo?, aunque no tenga ni las ganas, ni la inspiración, ni el
dinero, porque claro! la boda además ha de ser digna de buenos comentarios en sociales.
¿Cómo no generar mil preguntas de fondo cuando recuerdo (porque gracias a Buda me alejé de semejantes realidades) que uno es juzgado y condenado a muerte (social por su puesto esta muerte) en su grupo de "amigas" por confesar que sí! efectivamente ya dejó que su novio la tocara a sus casi TREINTA años? Perdooon! se permitió vivir! Discúlpenla se los ruego, sean buenas!.
¿Cómo no preguntarme cómo es que pienso como pienso? cuando charlo con la gente que crecí y escucho cómo primero muertas que la “unión libre” pero que viva el Matrimonio (siempre con mayúsculas claro) "que te garantiza compromiso" pero que ¡ah sorpresa: dura 1 año o algunos meses!.
¿Cómo no asustarme de ver la terrible
realidad de que las prioridades son los formalismos y costumbrismos sociales por encima del amor?, que viene mejor un anillo de compromiso a los 29 que la felicidad de una hija en soltería, o de una amiga, o ¡de mi misma!.
¿Cómo no voy a levantar mi cejita izquierda y contener la respiración de observar el
mundo en el que crecí?, de enfrentar sin anestesia otra vez que ciertas
escuelas para niñas son MMC (mientras me caso) "no se preocupe, preparamos a su hija para ser domesticada fácilmente" y no me atrevo a redactar el slogan para las
escuelas de "maridos". ¡Ay dios! mi
mente empezó a redactar pero puedo ser demasiado incisiva así que me la voy a ahorrar.
¿Cómo no sentirme incómoda de saber que en algunas personas hay una auténtica aceptación y apertura? pero mira no te preguntamos nada de ti realmente, porque pues, mientras menos nos cuentes la verdad mejor, porque ¡todo bien! Pero no queremos sentirnos incluidas en tus cosas esas raras que haces, quién sabe con quién, ves?. Pero ¡oye! ¿Cuándo nos volvemos a ver? porque de veras yo te quiero mucho (y lo peor es que eso último, como lo anterior, es cierto en su interior).
En
realidad estoy cansada de la “compaceptación” y no es de compadre, es de compasión y aquí acuño el término.
El
mundo es tan grande, la gente tan maravillosa, ¡TODA, sin excepción! Inclusive esa serie de clones que crecen con los
ojos cubiertos y que yo siempre me preguntaré si realmente conocen la plenitud siquiera por asomo; no creo que exista un solo ser que no sea fascinante, que no sea un gran ser en el fondo, pero si creo que hay muchos diseños sociales (me niego a pensar que son todos) que están diseñados por el enemigo y que nos dirigen a la franca autodestrucción
física, espiritual,
ética, afectiva y psicológica.
Yo había empezado a pensar (ilusa yo hasta el cansancio, pido una disculpa por lo que voy a decir) que aquellos paradigmas retrógradas de: no te conozcas más allá de lo sumamente indispensable, no hables aquello que nos pueda hacer sentir incómodos, censuremos aquello que nos diga la verdad de frente y sin tapujos, vamos a cumplir con todos menos con uno mismo, antes la sección de sociales y luego mi felicidad, etc., etc., etc., etc… estaban quedando atrás, terrible e imperdonable suponer esto tan osado, esto está vivo y nos rodea. Despertemos.
Y bueno, cerré la noche con sus caras de “what?” ante mis preguntas elementales soltadas al aire de la que se volvió incómoda mesa: ¿para dónde vamos con tales prioridades?, ¿dónde queda el amor?, ¿es posible realmente tener relaciones prometedoras,
familias sólidas construidas sobre tabúes?
Llego a
casa con este sabor de boca extraño y el corazón acelerado como aquel que estuvo al borde del precipicio y se aferró a... pues a un milagro y no cayó. Estudié doce años en una
escuela que prometía la felicidad bajo esos estándares, no dejo entonces de agradecer la
familia en la que crecí y la
madre que tengo, que una cosa sí: me enseñó a cuestionarme, me presentó alternativas.
Y entonces pregunto a quienes, como yo, crecimos bajo ese “pensamiento” (por llamarle de alguna curiosa manera) y no nos domesticaron… ¡y ¿qué nos pasó?!.
Vanessa.
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