La ley sobre el aborto
no tiene la fuerza que se supone
| Fecha: 2007-05-02 12:13:10 | por: |
La despenalización jurídica del
aborto no tiene la fuerza que se ha supuesto, pues no obliga a nadie a abortar. Es un truco político del
PRD que, mientras desestabiliza psicológicamente a la
mujer, finge que la protege. El
PRD le ha dado cariz religioso al tema para colarse por el rumbo de la lucha contra la beatería. Pero el
aborto no es asunto religioso sino de
vida o muerte.
Afortunadamente la
sociedad tiene su propia conciencia, base para que cada
mujer decida si aborta o no lo hace. Por lo tanto, ninguna
mujer podrá justificarse en base a la autorización de un grupo que, practicando la
cultura de la muerte, legisla en contra de las conciencias.
Cualquier persona equilibrada, ya sea cristiana o judía o musulmana o budista, inclusive atea, defiende el derecho a la
vida. Y abortar no es sólo negarle el derecho a la
vida a un ser humano en
desarrollo, sino negárselo con las agravantes de que ese ser humano en
desarrollo es inocente, incapaz de defenderse, y su agresora es la propia
madre.
Negarle la calidad de humano a un ser porque no tiene el
desarrollo que se nos ha antojado necesario para “llamarlo” humano, implica negárselo también a un bebé recién nacido, que tampoco tiene el
desarrollo que se espera de él. Y es criminal eliminar impunemente a ese ser en base a una
ley que permite hacerlo cuando su
tiempo de
desarrollo no trasciende 12
semanas. De hecho, el ser humano no alcanza su pleno
desarrollo sino después de la pubertad...y no vamos a matarlos por eso.
Por otro lado, si la
mujer tiene derecho de decidir sobre su
cuerpo, no lo tiene de decidir sobre otros cuerpos, y el feto no es el
cuerpo de la
madre aunque esté hospedado en él. El feto tiene un
proceso de
vida diferente al de la
madre, un
proceso propio que le da existencia a un ser nuevo y distinto, tan humano como el recién nacido, y como éste destinado a lograr su plenitud. Matar a un hijo porque nos estorba es cumbre de egoísmo y desamor, cumbre del egoísmo y el desamor de que nos quejamos que está lleno el
mundo.
La
mujer que va a abortar lo hará con o sin permiso o amenaza de la
ley, y aun con la amenaza de su propia muerte. A ellas, claro, se sumarán las que esperaban que algo o alguien les diera pie para abortar tranquilamente, cosa que al fin no ocurre, pues a la mayoría de ellas en lo íntimo de su corazón les reclamará su conciencia durante mucho
tiempo.
Por otro lado, la
mujer que no abortará se abstendrá de hacerlo por convicción, tomando las medidas anticonceptivas necesarias.
Ningún miembro de
Congreso, y menos los del
PRD, a quienes hemos visto actuar en plena barbarie, tienen autoridad moral para darnos guías de conducta.
Y vuelvo con Chespirito:
“Abortemos la
ley, no la vida”
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