Spicy Fridas; simulacro activista y seductor
Spicy Iris Mexico
| Fecha: 2007-11-08 17:41:44 | por: |
De la presentificació n de lo invisible a la imitación de la apariencia
Vernant
Allí donde el
hombre cultivado capta un efecto,
el
hombre sin
cultura pesca un
resfriado.
Oscar Wilde
Nosotros; Frida, excéntricos, concéntricos, egocéntricos, usamos el territorio de nuestro
cuerpo para reinventarnos y reflejar miradas y signos… La
obra “Spicy Fridas” es una resemantizació n de la
pintura de Frida Kahlo, “Las dos Fridas”, de 1939. Gracias a la difusión internáutica de la mirada fotográfica de
Fernando Soto, tanto Ignacio Govea (Samantha Odensen) y yo, Spicy Iris Mexico, nos incorporamos a dicho Frida-signo y le otorgamos movimiento en un perfofaction (1) del 2007 limítrofe con lo interurbano, lo fragmentario y lo virtual. Acto en el que emparentamos digitalmente con quienes se autorretratan obsesivamente inspirados en Frida: Nahum Zenil, Salma Hayek,
Julio Galán, Yasumasa Morimura…
Morimura… “El
artista se cuela en las
obras maestras más famosas de la
cultura occidental “hegemónica e invasora” según el mismo. Revirtiendo el
proceso, su
rostro nipón invade los iconos culturales de occidente, los imbuye de presencia oriental y en vez de rechazarlos, se los apropia. Una década más tarde, el autor cambia de iconos, que ahora provienen de la
cultura popular.” (2)
“Nahum Zenil en sus autorretratos obsesivos que pregonan la
calidad de un
dibujo extraordinariamente fino crea ambientes de lecturas ambiguas. La presencia de mil signos de esa
cultura marginada es el marco que envuelve su propia imagen, ya como
niño malo, ya como santo dudoso, a menudo cruelmente zaherido y sin embargo siempre con un punto de ironía, sorna y alegre agudeza.” (3)
Performance; simulacro digital
* “Representar es hacer presente lo ausente. Por lo tanto, no es simplemente evocar sino reemplazar.
* “Imagen es hija de Nostalgia.” (4)
“Spicy Fridas” deviene en un territorio partícipe del
proyecto procesual “Passion 4 Freedom”, a través del cual defendemos la
libertad artística de usar símbolos
nacionales, así como la valoración de lo
femenino (moda, maquillaje) como
herramienta de activismo
político y de la desobediencia civil para la promoción de cambios justos, el cuestionamiento de la mirada simulacral contemporánea, y de nuestras aproximaciones a diversas manifestaciones artísticas de lo real.
Yo, Spicy Frida, él-ella, Frida Valkiria, simulamos ser Spicy Fridas, no lo fingimos porque hay algo de Frida en nosotros, es decir, su imagen ha sido adoptada como sinónimo de la mexicanidad, y ambos somos
mexicanos, entre otras semejanzas con la pintora puedo mencionar la fascinación de Frida por los retratos, el maquillaje, la
moda, el drama, la tragedia; nos confesamos semejantes. En relación con Frida Valkiria, quien es Ignacio Govea en su acepción de Samantha Odensen, surge la pregunta: ¿Participan las
acciones transexuales de semejanzas con la
revolución de los transplantes planteada por Valery? (5) ¿Es la transexualidad de alguna manera un simulacro relativo al género, independientemente de la orientación sexual (6)? Es decir, el
hombre que acepta o disfruta medias, pelucas, maquillaje y demás accesorios corporales, cuando a diferencia de la época de los palacios,
hoy día están restringidas para uso de las
mujeres, transita –sin necesidad de transplantes quirúrgicos- aparentemente a la identidad
femenina, no la finge ya que reconoce su lado y emotividad mujeril, y sin embargo, biológicamente continúa siendo un
hombre. Spicy, mi personaje performático es una combinación de un
trabajo visual (el arreglo personal y la documentación fotográfica), escénico (acciones y anécdotas que heredo a mi personaje), de personalidad (historia de
vida, perfil de carácter), etcétera. Es decir, yo no finjo ser Spicy ya que cuando realizo las
acciones performáticas que firmo con su nombre, soy Spicy, en una especie de
juego de rol, con una identificació n mucho mayor a la de un
actor teatral que puede interpretar un
papel independientemente si coincide o no con el personaje creado por el dramaturgo. Para mí, autora del concepto, directora y partícipe de las
acciones, las personalidades de
performance que interpreto son reflejo y coincidentes con mi ser más profundo en términos reales como
valores, convicciones y objetivos personales. Sin embargo, dichas personalidades tienen una connotación simulacral ya que la
historia de
vida, el guardarropa y muchas otras características de Spicy difieren de mi identidad personal cotidiana.
“Disimular es fingir no tener lo que se tiene. Simular es fingir tener lo que no se tiene. Lo uno remite a una presencia, lo otro a una ausencia. Pero la cuestión es más complicada, puesto que simular no es fingir: “Aquel que finge una
enfermedad puede sencillamente meterse en cama y hacer creer que está
enfermo. Aquel que simula una
enfermedad aparenta tener algunos síntomas de ella” (Littré). Así, pues, fingir, o disimular, dejan intacto el principio de
realidad: hay una diferencia clara, sólo que enmascarada. Por su parte la simulación vuelve a cuestionar la diferencia de lo “verdadero” y de lo “falso”, de lo “real” y de lo “imaginario”. El que simula, ¿está o no
enfermo contando con que ostenta “verdaderos” síntomas? Objetivamente, no se le puede tratar ni como
enfermo ni como no-enfermo. (7)
“Al principio se mira al
dios a través de su efigie; después la efigie recuerda al
dios y, acto seguido, hace que se le olvide; y, a la postre, el escultor se diviniza a sí mismo. Presencia, representació n, simulación. Los tres momentos que articulan la
historia occidental de la mirada, a gran
escala, parecen reencontrarse, a una
escala más pequeña, en cada ciclo artístico. Como en un holograma, donde cada parte es el todo, cada secuencia plástica narra todo el filme. La imagen, inicialmente creada por fusión, se convierte en calco de lo real y, finalmente, en
decoración social.” (8)
Es importante hacer mención en la diferencia de 1. “trabajar a partir del natural” lo que hubiera sido posible en caso de haber sido contemporánea y cercana a la presencia, al original, de Frida, o 2. “trabajar a partir de su efigie y representació n”, y he de decir que aunque tuve la oportunidad de ver las
obras de Frida en vivo gracias a la exposición presentada por el
centenario de su
nacimiento en el palacio de
Bellas Artes, el detonante y la base para mi creación es 3. “trabajar a partir de la simulación”, a partir de la simulación mercadológica tanto de Frida como de su
obra es que generé mi
discurso. De igual manera, la acción de “Spicy Fridas” llega al espectador no gracias a la transparencia: la iluminación sobre objetos o sujetos presentes, sino gracias a la trans-apariencia, es decir, por una apariencia dada por la transmisión de la
información a través de documentos (textos e imágenes), a una
luz indirecta, virtual y tecnológica.
Las dos Spicy Fridas
Las dos Fridas es una
obra de 1939 que transita entre el nacionalismo y el surrelismo mexicano, y una exitosa imagen mediática contemporánea representante de la Frido-manía. Una Frida viste de forma un tanto europea, mientras que la otra utiliza atuendos que retoman la
cultura popular, este mestizaje entrelaza las venas del
corazón, mientras que la europea corta una vena con un instrumento quirúrgico, la latina conecta su circulación a una imagen estilo camafeo de Diego
niño. El
cielo está nublado con un dejo de tormenta…
Spicy Fridas es una
obra del 2007 que remite al neomexicanismo y a una seducción activista a partir de la banalidad, consecuencia de los multirreproducidos retratos de Frida. A partir de la
pintura “Las dos Fridas” se genera una serie de imágenes: Las dos Fridas en carmín comparten frutas. Ambas posan de pie frente a un paisaje con un sol, escudo
nacional. La pareja reposa en una cama, portando la
camiseta verde de la
selección nacional de
fútbol soccer, y una
camiseta con el nombre de
México. Spicy Frida ataviada en rojo, con un resplandor y sobre un sarape, recostada frente al
mapa de la ciudad de
México. Spicy con rosas rojas y joyería de filigrana,
botas de
piel de víbora, medias de
red, minifalda de olanes, blusa de encaje y lentejuelas, capa de encaje y plumas se presenta de frente al espectador con un cojín de peluche con la imagen de la virgen María. Frida Valkiria aparece de
blanco mostrando una cicatriz abdominal, con un rebozo a la usanza de las soldaderas, coronada por un resplandor y frente al escudo mexicano. Frida Valkiria reposa en un sofá de mimbre mientras observa un
libro de Frida Kahlo editado por el INBA.
Crear en referencia a sí mismo
“En
Roma, hasta el Bajo Imperio, la exposición en público de retratos está limitada y controlada. Es un abuso de
poder demasiado grave. En principio, sólo los muertos ilustres tienen
derecho a la efigie, pues son por naturaleza influyentes y poderosos, después los poderosos en
vida, y siempre del
sexo masculino. En
Roma, los retratos y bustos de
mujeres aparecieron tardíamente, después de los de los
hombres; como el
derecho a la imagen, privilegio de los nobles fallecidos, ha sido concedido tardíamente a los
ciudadanos comunes, hacia el fin de la era republicana” (9)
La metamorfosis de sí misma, en la
obra de Frida Kahlo ha sido una de las motivaciones contemporáneas para adoptarla como signo. Nadia Ugalde Gómez, cito, escribe: “creó una
pintura como referencia a sí misma (…) logró recrearse una y otra vez por
medio del autorretrato. Su imagen apareció inicialmente en su
obra temprana –mediados de los años veinte-, en las acuarelas sobre
Coyoacán. Entre 1925 y 1927 realizó sus tres primeros autorretratos en modalidades diferentes, convirtiendo su imagen en el eje vital de su
pintura. En los aproximadamente 80 autorretratos se presentó de
cuerpo entero, de busto, sentada, únicamente su
rostro, de
medio cuerpo o acostada. Apareció siempre de frente, nunca de perfil, ataviada con enaguas, rebozos, huipiles, faldas de olanes, adornos y accesorios, de expresión popular, que combinaba y vestía regiamente. Los retratos y sus autorretratos le permitieron recrear colores, texturas, brillos, telas,
joyas,
flores, plantas,
animales, toda
clase de adornos que lucían sus distinguidos
modelos, incluida ella, enriqueciéndolos con su correspondiente
carga emotiva y psicológica. Frida Kahlo retomó la costumbre colonial de introducir en su
obra referencias escritas, recurso ampliamente desarrollado durante el
siglo XIX, como el uso de la cartela, aparecida en sus
obras de 1931” (10).
En la antigüedad la imagen es un privilegio reservado a pocos, y en la modernidad se democratiza el acceso de la ciudadanía a la imagen. Sin embargo, es en la hipemodernidad cuando la forma de relacionarnos con la imagen se complejiza. Aborda la dicotomía de tener o no el acceso a la creación de la imagen, de la ficción o la
realidad de la imagen, y además, como afirma Baudrillard, nos enfrentamos diversas fases sucesivas de la imagen que serían: Reflejo de una
realidad profunda; sacramento. Enmascaramiento y desnaturalizació n de una
realidad profunda; orden maléfico. Enmascaramiento de la ausencia de una
realidad profunda; sortilegio.
Independencia de todo tipo de
realidad, ya que es su propio y puro simulacro, simulación donde el objeto y la
sustancia han desaparecido, ¿seducción, persuasión o disuasión de la banalidad?, estrategia de neo-realidad e hiperrealidad. “Spicy Fridas” pone en el debate y la polémica imágenes sacralizadas por el
estado nación debido a su profunda relación con las identidades
nacionales, aunque algunas de sus estrategias puedan ser interpretadas como un orden maléfico debido al activismo y la desobediencia civil que implican para desenmascarar estructuras y proponer libertades. Las
herramientas de
moda e iconos populares suavizan o disfrazan la actividad profunda y política en un contraste con la banalidad y el sortilegio. La
obra en su conjunto habita el simulacro activista y seductor…
1. Perfofaction:
performance, documental y ficción.
2. Frederique Drilhon Von-Arx. “Yasumasa Morimura. Un diálogo interior con Frida Kahlo.
Casas &
Gente. Vol. 22. No. 217. Pág. 23
3. Jorge Alberto Manrique.
Arte y
Artistas Mexicanos del Siglo XX. CONACULTA.
México 2000. Pág. 67.
4. Régis Debray.
Vida y
muerte de la imagen.
España, Paidós. 1994. Pág. 34
5. Valery plantea, grosso modo, que existen tres grandes revoluciones: la de los
transportes (revolución industrial), las transmisiones (teléfono, mass media, Internet) y los transplantes (manipulación genética e intervenciones quirúrgicas).
6. Entre los transexuales encontramos heterosexuales, homosexuales, bisexuales y poliamor.
7. Jean Baudrillard. La precesión de los simulacros.
España. 1993. Pág. 12
8. Régis Debray.
Vida y
muerte de la imagen.
España, Paidós. 1994. Pág. 140.
9. Régis Debray.
Vida y
muerte de la imagen.
España, Paidós. 1994. Pág. 24
10. Nadia Ugalde Gómez. Frida Kahlo, la metamorfosis de la imagen
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