ocurre
| Fecha: 2008-03-21 01:39:50 | por: |
Despiertas…
Te deslumbra el reflejo de la luz del sol proyectada en el espejo, pega justo, esta mañana, sobre tu párpado izquierdo.
Poco a poco vas dejando el delicioso letargo y miras a tu alrededor, hay cierto aire de soledad y un nuevo
día.
Te sorprende el desorden de las sábanas “hace calor” piensas mientras secas una ligera humedad detrás de tu cuello.
Tus pies, aún tibios, contrastan con el piso fresco. Te despabilas un poco más y mueves los dedos de los pies como si te dieran los buenos
días, levantas el rostro y te encuentras con tu reflejo en el mismo espejo que refleja el sol. Tu cabello ha crecido… ahora luce muy despeinado por el sueño y la humedad.
Te das cuenta de que otra vez dejaste el vaso de
agua en la mesa de noche medio lleno… “absorbe las malas energías por la noche” vienen las
palabras de tu
madre como en automático y, en automático también, tu perpetuo debate: “¿me la tomo?”.
Después de rascarte el piquete de mosquito en la pantorrilla derecha te pones de pie al fin.
Afinas el oído para saber si el habitante del cuarto de a lado está esta mañana… Sí, en la cocina. Bostezo, ojeras…
Piensas en ella e inevitablemente tu mirada busca en el colchón… tal vez… mientras dormías… Nada.
Despiertas…
Caminando más de veinticinco calles a las 2 p.m. te das cuenta que la soledad puede tener otro sabor… que de hecho lo tiene y quieres conservarlo en el paladar para mantenerte enfocada.
Despertás… y a veces, en instantes, te topas en la esquina con la felicidad y el sentido.
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