La Profecía de la Montaña
| Fecha: 2008-06-23 13:39:05 | por: |
Sus pequeños deditos se deslizaban por la rama húmeda del
árbol. Por más que intentaba encajar sus pequeñas uñas en la corteza no le era posible. Trataba desesperadamente de asirse, pero el moho y el rocío se encargaron de hacer resbaladiza aquella Ceiba. Sus uñitas irremediablemente se llenaban de verde y corteza, y sus
ojos cada vez más cerrados, imaginaban la caída. El
viento soplaba con mucha fuerza anunciando que algo pasaría; pero solo los lagartos y los armadillos podían ver el
futuro y sabían lo que realmente sucedería. Las mariposas, volaban en grandes
grupos hacia algún lejano lugar. Un silencio se hizo de pronto…y Maco calló hasta la
tierra. Calló sobre un colchón de hojas enormes, esponjadas y mojadas por la
lluvia de la mañana. Sintió que volaba. Recordó aquel papelito
blanco que una vez echó por el acantilado. Por un momento, creyó ser un mono araña y cayó como esas
aves que aterrizaban para buscar largas bayas. Las Montañas del Norte y del Oriente, vigilaban mientras tanto, paso a paso,
día a
día, como verdaderos centinelas que eran, celosos de guardar la
seguridad de una futura reina. Quizá por esa razón no le pasó nada malo. No se había herido. Solo sus deditos le ardían como troncos candentes de una fogata. Esa fría mañana, los ríos poco caudalosos que atravesaban el territorio Tzeital, llevaban más
vida y energía que de costumbre en sus venas. La neblina, que siempre era el
vestido de la mañana, como si usara traje de novia para despedir la abundante
lluvia que se había ido momentos antes, era un
espectáculo más maravilloso que otras mañanas. Maco adoraba todo eso y no podía dejar de darle gracias a los dioses por tan
bello regalo.
(Todos los derechos son del autor Isis Bobadilla)
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