27 de octubre 2008

Fecha: 2008-10-29 02:47:41por: Vanessa Nieto Terrazas (io@lapalabra.com)

Sosteniendo la mano delgada, suave y fría.
Incógnita de a dónde van sus ojos cubiertos por los párpados vulnerables que dejan ver que algo buscan.
Tiesa la quijada del cuerpo que se aferra.
La mía tensa y no me doy cuenta, solo mis mejillas que por dentro de mi boca se quejan de laceraciones inconscientes. Víctimas de la fuerza de mis dientes.
Palabras susurradas al oído.
Toda tu paz, toda tu felicidad. Toda tu paz, toda tu felicidad. Toda tu paz…

Un temblor en todo su cuerpo que pareciera provenir del centro de la tierra o del cosmos, implacable e inaplacable, desde sus pies hasta su cabeza sobre la almohada.
El rostro inexpresivo, entrecejo con ligerísimo fruncido.
Cuatro cuerpos más con sus brazos extendidos hacia ella intentando encontrar el botón para tranquilizar. Alcohol. Algodón…
Tranquilizarse imposible, tranquilizarla probable, no el mismo resultado ¿cuál es el orden correcto?
Miradas que nos buscamos entre este frenesí, con miedo de encontrar aquella que resulte resignada, miedo de la mano que detenga para seguirla llamando, del primero que se levante de la cama y mire su cuerpo pasivamente con los ojos húmedos y el rostro tranquilo. Miedo de la boca que pronuncie “déjenla ir”. Miedo de poder ver con los ojos el fin.

El pulso. No ¿verdad? No ¡¿verdad!?.
No.
Toda tu paz. Toda tu tranquilidad...
Respira.
Los ojos abiertos, la mirada profunda nos reconoce, llena de rasgos que me intrigan ¿a dónde fuiste? ¿qué viste? ¿qué sientes?
Su miedo, su tristeza, su sabiduría. Sabe que no queda mucho tiempo. Una parte descansa, otra… terrible tristeza.

Pide abierta la ventana, el viento afuera sopla con fuerza y el árbol, eterno vecino, pareciera acompañarla a ella con aquel temblor meciendo sus hojas sin tregua. Se miran.
Yo pregunto mientras la miro mirar ¿se irá hoy, esta tarde nublada con viento del norte? ¿me despediré de ella hoy, cuando se cumplen 29 años que llegué yo a este planeta? Me sentiría honrada. Después de todo estoy aquí, ahora por ella. Para esto que ocurre.

Todo es un recuerdo.
El movimiento de ese árbol.
Su cuerpo temblando sobre la cama.
Mis palabras bajitas en su oído.
La incertidumbre…
Escribir estas palabras.
Volver a Profética… todo
Esa realidad con ella todos los fines de semana, el recuerdo del recuerdo. Llorar destrozada en Buenos Aires por imaginar nuestra vida sin ella. Imposibilidad de producir un momento con su ausencia sin que el dolor queme.

Toda tu paz… toda tu felicidad. Toda mi paz, toda mi felicidad.



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Fecha: 2008-10-29 02:47:41por: Vanessa Nieto Terrazas (io@lapalabra.com)