QUE CARO LO ESTAMOS PAGANDO.
| Fecha: 2008-12-15 16:56:03 | por: |
QUE CARO LO ESTAMOS PAGANDO.
En los años sesenta, en mi natal
Culiacán,
Sinaloa, era muy común que en la terminales de “las guajoloteras”, tranvías o camiones tropicales que hacían el servicio de
personas de los
ranchos serranos a la
ciudad, se observaran pasajeros que bajaban de ellas con unas bolsas de ixtle, en las que llevaban consigo muestras de
marihuana y goma de opio extraída de la
flor de Amapola (producto primario, del que mediante
procesos químicos se elabora la heroína), mismas que les presentaban a los narcos, “padrinos”, como así se les llamaba, y que residían principalmente en la colonia
Tierra Blanca.
Era muy común también, el ver convivir a éstos, muy amistosamente con
policías y jefes policíacos en las cantinas de la localidad.
De igual manera por las tardes, cuando pasábamos por el cuartel
militar, en ese entonces ubicado por la calle Francisco
Villa, a unos
metros de la Capilla de la Virgen del Carmen, nos llegaba un fuerte olor a
marihuana, que los “guachos” quemaban en
cigarrillos, para su relax.
Nadie se asombraba o escandalizaba por ello. La gran mayoría de “los culichis” hacía su
vida. Trabajaba, educaba a sus
hijos, quienes muy pequeños, asistían solos a sus
escuelas; se convivía familiarmente sin mayores problemas.
Fue en el periodo 1962-1968, del exgobernador del
estado Leopoldo Sánchez Celis y el expresidente
municipal Amado Estrada Rodríguez, que se empezaron a dar actos violentos,
asesinatos entre
narcotraficantes, producto de los ganes que se hacían unos a otros y la lucha por la hegemonía del
mercado, en el que surgieron las relaciones narco-autoridades y
policías, que se vieron reforzadas en el
sexenio siguiente en el que gobernó Alfredo Valdez Montoya, cuando llegó a
Sinaloa la “Operación Cóndor”, instrumentada y dirigida por elementos del
Ejercito Mexicano. Y de ahí pal’ real.
En ese
tiempo me tocó hacer el servicio
militar obligatorio y conocer a
militares desde capitanes hasta mayores, que prácticamente llegaron de infantería (a pie), y a los pocos
meses ya habían adquirido
automóviles de reciente modelo.
De ese
tiempo a la
fecha, nuestra apatía, la falta de interés y complacencia con estas situaciones, ha permitido que por la ambición y
corrupción de las
autoridades de los tres niveles de
gobierno, éstas hayan sido rebasadas y dejaran de ejercer el control que antes tenían sobre los narcodelincuentes, con quienes tenían arreglos submecatum.
Que
caro estamos pagando por ello.
Hoy, las
vidas de nuestras
familias y la propia se encuentran en serio riesgo de perderlas, por el gran
poder destructivo de la
delincuencia organizada lo ejerce con toda crueldad en nuestro
país, que prácticamente les ha convertido en dueños de
vidas y haciendas y tal pareciera que no hay
soluciones efectivas para ello.
Hasta el cansancio vemos y escuchamos a todas
horas,
declaraciones oficiales que nos dicen que la lucha en contra de este grave flagelo (Los Operativos Conjuntos, implementados por
Felipe Calderón a principios de este año), se está ganando; pero los evidentes y nulos resultados las desmienten a cada momento, cuando nos enteramos de las constantes ejecuciones a la
luz pública, a todas
horas, sin importar el lugar, que estos sujetos llevan a cabo con total impunidad.
Es inconcebible que con la gran cantidad de
policías de los tres niveles que se encuentran en nuestra
ciudad no se pueda frenar, aún con la súper
inteligencia y el equipo sofisticado con el que presumen contar.
Cada vez que se da un hecho de esta naturaleza, en todos los casos, estos miembros del los operativos, en el mejor de los casos, se dedican a acordonar el área del
crimen, en espera de que lleguen los
policías ministeriales y de que los del SEMEFO recojan los cadáveres y patatín patatán, mientras que los asesinos abandonan el lugar muy campantes.
Ninguno de los elementos policíacos lleva a cabo ninguna acción para buscarlos, mucho menos encontrarlos.
Por su parte la PGR, su titular delegado y sus
agentes siguen nadando de muertito, cuando más, emitiendo
declaraciones de absurdas justificaciones. ¿Por qué no hacen uso del helicóptero para efectuar la búsqueda de los
delincuentes en el momento preciso? ¿Acaso García Ramírez y sus elementos, a raíz del muy conveniente mutis que hicieron, cuando hace unos años, frente a sus instalaciones asesinaron a una
señora que venía de
El Paso, TX., y a un parquero, se quedaron acostumbrados y por eso siguen sin hacer nada?
¿Cómo chingados se van a resolver estos graves problemas de
inseguridad pública en
Ciudad Juárez, en el
estado de
Chihuahua y todo el
país con este tipo de
autoridades, tan negligentes y complacientes, miedosas cuando menos, para no llamarles cómplices en estos hechos delictivos?
Ciudad Juárez,
Chihuahua.
Diciembre 15 del
2008. José Luís Elías García.
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