ECONOMÍA: URGE REACTIVARLA
NECESARIO PROTOCOLO DE ACTUACIÓN
| Fecha: 2009-05-08 12:56:06 | por: |
COLUMNA POR LA ESPIRAL CLAUDIA LUNA PALENCIA
POR LA ESPIRAL
*Claudia Luna Palencia
-Economía: Urge reactivarla
-Necesario protocolo de actuación
-Reacción
ciudadana y del gobierno
Entre los economistas cunde una preocupación: ¿cómo le hará el
gobierno para reactivar la
economía mexicana? ¿Para evitar el colapso de las micro, pequeñas y medianas
empresas, afectadas por la inactividad derivada de la influenza porcina?
En
España, el telediario anuncia que el
presidente Felipe Calderón instrumentará una serie de medidas conducentes a convencer al
turismo internacional de regresar al
país azteca y la aplicación de estímulos fiscales para la
economía.
Hasta el momento falta saber en qué consistirán las medidas para reestablecer la afluencia de
turistas extranjeros. Afortunadamente
abril,
mayo y
junio no son
temporada alta, lo que preocupa es el
verano, objetivo al que el
gobierno en voz de la Secretaría de
Turismo tiene que enfocarse para evitar una masiva proliferación de cancelaciones de los paquetes contratados desde
enero pasado.
En
Europa, los cuatro primeros
meses del año, son catalizadores de la toma de decisiones para los
meses de
julio y
agosto.
Si la
gripe porcina no es más una amenaza, habrá que convencer a la
gente de afuera para que mantenga su reservación para el
verano o los
meses que restan del año.
Hoy más que nunca los
mexicanos ubicados en micro, pequeñas y medianas
empresas del sector servicios y del ramo
turístico, requieren de la solidaridad
nacional e
internacional para conservar su
empleo.
Desafortunadamente el
país enfrenta un
escenario totalmente distinto al que se planteaba hace un año, cuando los nubarrones de la crisis
estadounidense eran vistos por el
gobierno del
presidente Calderón como una ligera llovizna para la
economía nacional.
Desconozco si la inacción del año pasado, esa falta oportuna de previsión y reacción fue producto de la ignorancia o de un exceso de confianza.
Quizá el manejo de los primeros casos de
gripe porcina también fue
tratado con dejadez, ignorancia, tomado a la ligera y mal diagnosticado. A lo mejor cuando la
enfermedad propagó aconteció de súbito la reacción del
Gobierno Federal con temores de un drama
humano, de ser un virus incontrolable o altamente mortal.
A COLACIÓN
Tiempos de desastre: es la
hora de mostrar las fortalezas. Aguardan
meses aciagos, un segundo semestre que resentirá todas las consecuencias del “frenón” que la
gripe porcina metió a la
economía.
El
día de ayer, Agustín Carstens, titular de
Hacienda, señaló que habrá un efecto negativo en la
recaudación fiscal cifrada en 10 mil
millones de pesos.
Y es que, a pesar de que el
gobierno recorrió hasta el 1 de
junio el plazo para la presentación de la
declaración fiscal
2008 para las
personas físicas, van previéndose muchos problemas al respecto.
Por supuesto, el cambio de
escenario ha golpeado a todos los participantes de la
economía y la
microeconomía del
país, el año pasado por estas
fechas había un optimismo exagerado, un exceso de confianza en las
autoridades y las
personas que toman las decisiones del
rumbo económico. Basta con echarle un vistazo a los testimonios hemerográficos del momento.
Al
día de
hoy todo es tan distinto, persiste una pesadumbre generalizada: la
gente quiere conservar su
empleo a toda costa, los proveedores no cobran sus cuentas, los
empresarios no ingresan
dinero, no se puede pagar a
tiempo y la desesperación va cundiendo.
A la crisis
económica derivada de la relación simbiótica con la
economía estadounidense se une la desaceleración en el
precio del
petróleo, caída en las
remesas, menores flujos de
inversión extranjera directa más la puntilla provocativa de la
gripe porcina en el
turismo y en las Pymes.
El
mes de
mayo inicia con toda esa avalancha de sucesos, y el
secretario Carstens reconoce que el virus profundizará aún más la caída de la
economía mexicana.
Por su parte,
Banco de
México, antes del brote epidemiológico anticipaba una contracción en el crecimiento de entre el 3.8% y 4.8 por ciento. Después de la parálisis de la
semana pasada y las cancelaciones en líneas áreas y
hoteles, podríamos acercarnos al
escenario de 1995 cuando la
economía contrajo hasta un 6.9 por ciento.
GALIMATÍAS
A fuerza de desastres naturales, el
gobierno de
México y su
población han ido aprendiendo a precaver, el primero destinando fondos de prevención y reacción y el segundo sabiendo qué hacer en caso de un desastre natural.
Lo hicimos a base de sufrimiento. El terremoto de 1985 y los sismos posteriores nos dieron una magna lección no sólo de nuestras carencias también sirvieron para revelar la grandeza de los
mexicanos, que saben crecerse ante la adversidad y dar la mano con una sonrisa aunque solo eso tengan para dar.
No obstante, aquella
historia la de 1985 nos dejó
dolor y una afectación
económica. El ex
presidente Miguel de la
Madrid Hurtado, en su
libro “Cambio de rumbo” señala que después de los sismos, el del 19 y 20 de
septiembre, había que atender necesidades urgentes, ante lo que
México requirió con celeridad 4 mil
millones de dólares para enfrentar la problemática de los sobrevivientes e iniciar la reconstrucción.
A través del Cenapred sabemos que los sismos le costaron al
país un 2.7% del
PIB, que 150 mil
personas pasaron al
desempleo y un 34% de los edificios del sector público quedaron inservibles necesitados de reconstrucción así como miles de
viviendas,
hospitales y centros escolares.
Además del impacto en el crecimiento, en
buena medida el
gobierno de entonces justificó la alta
inflación de los dos años posteriores a 1985 como resultado de lo que De la
Madrid narra en la página 469: “Para afrontar la situación provocada por los sismos, tuve que tomar decisiones extraordinarias en el terreno
económico. Imposible dejar sobrevivientes atrapados, edificios a punto de caerse o la
ciudad sin
agua. Tuve que ordenar que se imprimiera
dinero, dejando para después la necesidad de encontrar una fórmula de sacarlo de circulación. Aun la
inflación resultó
secundaria en ese momento”.
Medidas desesperadas en
tiempos que toman por sorpresa a los
gobernantes y a la
población.
Valdría la pena que el
presidente tuviera en su mano un protocolo de actuación en caso de una crisis
económica, un desastre natural,
humano, nuclear, terrorista o epidemiológico. Tener una hoja de ruta y evitar que el
presidente y su
gabinete pasen por el
estrés de tomar decisiones emergentes y enfrentarse a la
realidad de no estar a la altura de las circunstancias.
*Economista y columnista especializada. Es candidato a
doctor por la
Universidad de Alcalá, tiene dos
libros publicados y participa en distintos foros de
radio y
televisión con opiniones sobre
educación financiera,
economía y finanzas personales. Puede contactarla en: claulunpalencia@yahoo.com
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