ECONOMÍA FAMILIAR DE AUSTERIDAD
APRENDER A OPTAR SERÁ BÁSICO
| Fecha: 2009-05-23 13:16:59 | por: |
COLUMNA POR LA ESPIRAL CLAUDIA LUNA PALENCIA
POR LA ESPIRAL
*Claudia Luna Palencia
-Economía
familiar de austeridad
-Aprender a optar será básico
-Adiós al
consumismo exagerado
Hace algunos
días escribí acerca del parteaguas de la influenza porcina para la
sociedad mexicana, desde luego que nunca volveremos a ser iguales, tampoco lo seremos después del terremoto
económico que ha llevado a endeudarnos con 47 mil
millones de dólares.
Mientras en la
esfera internacional se juzga y se salva con el erario público a los grandes
bancos y el debate consiste en indagar si el capitalismo está muerto o no, en
Europa los
sindicatos empiezan a manifestarse en las calles exigiendo la vuelta al
Estado social, benefactor, a las políticas morales, al apoyo del
ciudadano de a pie y al emprendedor de la microempresa.
En cambio en
América, la
esfera sigue orbitando en proteger a los
monopolios y los
intereses extranjeros aunque las filas en las
dependencias del
desempleo son cada vez más largas.
Nadie, hasta ahora, ningún
político ha reparado en el sufrimiento
humano, ni en el
estrés de las
familias que antes llegaban a final de
mes y que apenas tienen para cubrir lo mas básico y no pasan del
día veinte.
No hay
político que sepa dar respuestas tranquilizantes ni
acciones instrumentadas en la política
económica que lleven a pensar que hay un paraguas ante el doloroso cisma.
La
realidad es que los
ciudadanos están solos y que esta crisis llevará a un desencanto electoral y a una baja credibilidad en el quehacer de los
gobernantes.
Pero este desencanto además de motivarnos a una honda
reflexión política también debe orillarnos a hacerlo en nuestro comportamiento como
actores económicos, principalmente como tomadores de
crédito y consumidores.
También somos culpables por habernos dejado seducir por el
consumismo, el espejismo de que podíamos tenerlo todo, o casi todo, y que en la posesión de las cosas y de bienes
materiales estaba implícita la felicidad.
¡Qué equivocación más grande! Aquellas
personas que recibían de
ingreso 100 pero gastaban 300 complementándose con endeudamiento, se dan de bruces por los excesos cometidos.
En el
mundo hay
millones de
familias ahogadas por los altísimos niveles de endeudamiento adquiridos para llevar un tren de
vida que no podían pagar con su
ingreso pero que demandaban para ser parte de una
sociedad consumista no conocedora de fronteras.
Hace poco en una cena escuché a la esposa de un corresponsal de
televisión señalar que soñaba con que a su marido un
día el
banco le diera una famosa
tarjeta de color negro diseñada para grandes
empresarios y en la que no existe límite de
crédito. “Es como tener el
mundo a tu alcance, no frenarte por pensar que hay algo que no puedes comprar”.
En mi interior pensé en esos grandes errores cometidos por la
clase de
trabajadores asalariados que sueñan en ser, imitar y convertirse en la otra
clase de los
propietarios de
medios de
producción o de grandes
fortunas que incluso suelen ser más cuidadosos (algunos hasta tacaños) en su forma de gastar que las
familias asalariadas.
Recordé que los asalariados solemos dibujarnos un
mundo de bienestar tan ficticio que revienta de forma pasmosa a la primera crisis dejando en una situación vulnerable e indefendible cuando reparamos que sin el
salario quincenal no hay forma de pagar la
hipoteca, ni el
crédito automotriz, ni las 5 o 6
tarjetas de crédito.
Y es que los asalariados cometemos muchos errores, como realizarnos a través del
crédito,
vivir década tras década con el
estrés de pagar una
hipoteca y ser presas fáciles de todas las supuestas
ofertas de los centros
comerciales así como seguir las tendencias de la
moda.
Los parámetros de una supuesta realización
económica llevan mucho
tiempo trastocados y las generaciones más jóvenes corren el mismo riesgo que sus
padres de seguir el mismo patrón de consumo si llegan a obviar las lecciones derivadas de esta magna crisis.
A COLACIÓN
Esta es nuestra responsabilidad y no la del
gobierno: educar a nuestros
hijos para estar siempre preparados ante una crisis
económica, alejarlos del
consumismo de masas y enseñarlos a elegir. Decirles que la
calidad no significa cantidad, que el ser
humano no es más feliz entre más posea y que cuando te toca morirte lo haces aunque vayas en primera
clase.
En un reciente
editorial en
España leí que esta crisis
económica nos llevará a recuperar los principios básicos, a disfrutar nuevamente de las cosas más sencillas y olvidarnos de la obsesión por poseer.
Y es que, aún cuando organismos
internacionales pronostiquen recuperaciones en el
PIB de la mayoría de los
países afectados después del
2010, lo cierto es que ningún gurú se atrevería a decirle a una
familia que todo lo que ha perdido desde su
empleo en esta crisis le será resarcido dos años después.
Hay una destrucción de
capital,
social y moral y en dos años nadie va a recuperarse, como los
mexicanos, andado el
tiempo, no hemos logrado hacerlo del todo de la crisis de 1995, le sumamos la del
2009, y sigue acumulándose en nuestra contra. Los que nacimos en los setenta lo hicimos siendo
hijos de la crisis, deudores desde el primer
día y al parecer moriremos siéndolo.
SERPIENTES Y ESCALERAS
Se habla de una vuelta a lo básico, pensar y repensar una decisión de consumo, no más
carros de la
compra llenos de
comida basura ni de falsas promociones; no sucumbir a las tentaciones de las
temporada de
ofertas en los que se adquieren ropa y complementos que no se requieren, ni combinan, ni nos van.
Hay que aprender a elegir, tomar una opción, es uno de los principios más racionales de la
economía,
ciencia que trata de la
administración y distribución de los recursos escasos.
Estoy segura que cuando, usted
amigo lector, aprenda a controlar su “yo consumista” y elija adquirir un bien tras un
proceso de razonamiento en el que destacó las ventajas sobre de las desventajas, irá aprendiendo a ser un mejor ser
económico dominando su “yo superfluo”.
De lo que se trata es hacer rendir el
dinero, también recuperar los lazos afectivos por encima de los
materiales; sentirse realizado no porque puede comprar el
coche del año, sino porque su
trabajo le deja muchas satisfacciones.
Esta crisis tiene que llevarnos a replantear nuestra posición como consumidores, el comportamiento como seres económicos, la verdadera razón que nos hace
humanos capaces de disfrutar sin necesidad de sacar la billetera o la
tarjeta de crédito o regresar a
casa con una docena de bolsas de la
compra.
*Economista y columnista especializada. Es candidato a
doctor por la
Universidad de Alcalá, tiene dos
libros publicados y participa en distintos foros de
radio y
televisión con opiniones sobre
educación financiera,
economía y finanzas personales. Puede contactarla en: claulunpalencia@yahoo.com
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