LATRAGEDIA DE HERMOSILLO
| Fecha: 2009-06-09 09:02:08 | por: |
El incendio de la
guardería subrogada por el
IMSS a particulares en
Hermosillo,
Sonora, que hasta el momento ha dejado un saldo de 44
bebes muertos es sin lugar a dudas la desgracia colectiva por causas ajenas a la naturaleza más dramática que ha experimentado el
país durante los últimos años. Es decir que su responsabilidad es totalmente atribuible a omisiones de
personas e
instituciones que deben ser llamadas a cuentas y sancionadas con todo el
peso de la
Ley.
Desafortunadamente no es este el único caso, ni el primero ni el último, que se han dado y se darán en un
país saturado de
leyes y reglamentaciones que no se respetan, más frecuente que esporádicamente.
La desgracia de
Hermosillo es el resultado de omisiones de las
autoridades responsables de vigilar el cumplimiento de normas básicas en materia de
protección civil para el inmueble que albergaba la
guardería siniestrada.
No había, de acuerdo a los reportes de los
medios, salidas de emergencia, extinguidores,
sistema contra incendios, un protocolo de desalojo para
emergencias. La
guardería estaba habilitada en una nave o inmueble con techos comunes o intercomunicados con los de las instalaciones de un centro llantero y una bodega
gubernamental, con alto riego de siniestralidad, como ha quedado claro.
Quienes hayan aprobado otorgar la
licencia para que en esas condiciones operara la
guardería son cuando menos
funcionarios irresponsables que deben ser llamados a cuentas, sean éstos
municipales,
estatales o del
IMSS, y deben ser sancionados con todo el
peso de la
Ley, lo mismo que quienes tenían subrogada la responsabilidad de operarla.
Lo grave de la tragedia de
Hermosillo radica además en el hecho de que el siniestro se hubiera podido evitar si los reglamentos de
protección civil se hubieran respetado. Su violación y omisión son sólo un botón más de la ineficiencia e impunidad con que operan muchas de nuestras
instituciones sin distinciones de ninguna especie: Recordemos las tragedias del News Divine y del Lobombo, en la
ciudad de México. En todas ellas estuvieron involucrados por comisión o por omisión,
funcionarios federales,
estatales,
municipales y
empresarios inescrupulosos, siempre dispuestos a aceitar la maquinaria de la burocracia ante cualquier atorón.
La tragedia de
Hermosillo es un muestra de la descomposición de la
sociedad mexicana en un contexto de contradicciones sociales,
pobreza,
desempleo, inequidad, en la que sus
actores están dispuestos a quebrantar cualquier norma y principio ético o jurídico con el fin de lograr sus objetivos particulares, no importando para ello pasar por encima del interés público o la
seguridad de la
sociedad, como estos hechos lo demuestran.
Hoy mismo nos enteramos de la decisión de un
Juez de Distrito que ha otorgado un amparo a una línea aérea
nacional cuyas operaciones habían sido suspendidas por que la
autoridad responsable de regular el
transporte aéreo
comercial había determinado que la misma no cumple con el mantenimiento requerido en sus equipos para otorgar
seguridad a sus usuarios. Al respecto, la primera reacción de la
autoridad responsable ha sido la de lavarse las manos y responsabilizar de un eventual tragedia aérea al
funcionario del
poder judicial, desatendiendo la responsabilidad que tiene el
Poder Ejecutivo frente a la
sociedad.
Resulta inaplazable la
construcción de acuerdos
políticos mínimos para recuperar en el
país el imperio de la
Ley, anteponiendo el interés público a los objetivos mezquinos de particulares y
grupos de
poder. Sin embargo, pareciera que estos graves llamados de atención son vistos como eventos aislados, y no como el resultado ya cotidiano del dejar hacer, dejar pasar.
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