OBAMA Y EL AVE PRO EMPLEO
EN MÉXICO QUEREMOS ALTA VELOCIDAD
| Fecha: 2009-06-18 09:50:00 | por: |
COLUMNA POR LA ESPIRAL CLAUDIA LUNA PALENCIA
POR LA ESPIRAL
*Claudia Luna Palencia
-Obama y el AVE pro empleo
-En
México queremos alta velocidad
-Slim, su paso por
Barcelona
La apuesta por la
obra pública y la
construcción de
infraestructura han sido una pieza clave utilizada por distintos
países para salir de la Gran Depresión suscitada en 1929 y cuyos estragos duraron más de una década.
En la actualidad con esta crisis
global considerada inédita, se hurga en los años treinta para estudiar las políticas instrumentadas por diversos
gobiernos de potencias
económicas entonces afectadas.
En aquellos años,
Estados Unidos también fue epicentro del desastre y de la crisis posteriormente exportada, encontró en Keynes y en el New Deal del
presidente Franklin Delano
Roosevelt la fórmula de aplicar gasto público aunque aumentara el déficit para dirigirlo a
construir obra pública e
infraestructura que a su vez dinamizara el
empleo.
A través de la Tennessee Valley Authority (TVA) se dirigió el brazo de la
obra pública mediante una
empresa estatal encargada de
construir presas por todo
Estados Unidos.
Después vendrían otros años y otros presidentes que fortalecieron el
programa de
obra pública y
empleo con la
construcción de puentes y autopistas que los
viajeros disfrutamos cuando recorremos
Estados Unidos por
carretera.
Aunque eso no ha impedido que
Estados Unidos se quede atrás con una insuficiencia en la modernización de sus vías y
medios de
transporte necesarios en un
país tan extenso.
El
presidente Barack Obama lo entiende así y tras décadas durante y después de la Guerra Fría en la que los mandatarios en turno en la
Casa Blanca propusieron presupuestos bélicos más que presupuestos a favor de grandes
obras públicas, Obama pretende rescatar la vieja fórmula keynesiana de
construir más y dar
empleo.
Esta vez el
presidente demócrata se decanta por los trenes de alta velocidad, los del estilo de
España que tanto hemos comentado en esta columna con la esperanza de que en
México algún
presidente junto con su
secretario de Comunicaciones y
Transportes pueda tomar la iniciativa de llevar la velocidad a nuestra
realidad.
Varias veces el
presidente Obama ha declarado su admiración por el AVE y no es poca cosa porque es una verdadera maravilla de la
tecnología y la comodidad:
viajar a 300 kilómetros por
hora y dejar atrás el
tiempo en
carretera o todo el bochorno que implica
viajar en
avión con las dos
horas previas para documentar el equipaje.
Así es el
presidente Obama no se equivoca con el anuncio de destinar 8 mil
millones de dólares para desarrollar la alta velocidad en
Estados Unidos aunados a otros 5 mil
millones de dólares para extender el
proyecto en los próximos cinco años.
En un
país en el que el freno inmobiliario y la
construcción ha paralizado hay que desplazar esa mano de
obra hacia otra parte dirigirla a la
construcción de todo el concepto del tren de la alta velocidad, que además estará asesorado por
expertos españoles en el tema.
Recordemos que el 30 de
mayo pasado Ray Lahood viajó a
Madrid para conocer el funcionamiento del AVE, lo hizo en compañía de su homólogo
español, José
Blanco, titular de Fomento, en un tren de
Madrid a Zaragoza, ubicados en
clase Club.
A COLACIÓN
La primera vez que me subí a un AVE fue en 1999 cuando viajé de
Madrid a Sevilla, la puntualidad, comodidad y rapidez del servicio hace que uno quede prendado. Es una experiencia que quisiera vivieran todos los
mexicanos.
Recuerdo que en
2000 empezaron las pláticas para extender la alta velocidad española para unir otros puntos de la
geografía ibérica sin necesidad de usar el
coche e inclusive el
avión. No hay más que mirar las
estadísticas para reconocer que
hoy en
día la
gente viaja más a Sevilla en AVE que en
coche o en
avión.
Ese año se habló de iniciar las
obras para extender el tren hacia Toledo,
Valencia, Zaragoza, Málaga y
Barcelona.
En 2007 volví a subirme al AVE gracias a que el
sueño de esos años atrás fue cristalizado,
España va vertebrándose con una rapidez inusual. Me pareció genial
poder disfrutar y llegar tan rápido de
Madrid a Toledo; de
Madrid a Málaga; y en unas
semanas más conoceré el AVE de Málaga a
Barcelona.
SERPIENTES Y ESCALERAS
En
abril de 2007, el AVE cumplió quince años de existencia desde que el 21 de
abril de 1992 quedó inaugurada la línea de Atocha (Madrid) a la estación de Santa Justa (Sevilla), en total 451 kilómetros recorridos en un
tiempo récord para
España de 2
horas y 55 minutos a 250 kilómetros por
hora.
En 1994 redujo el
tiempo a 2
horas y 20 minutos, a una velocidad de 300 kilómetros por
hora.
La entrada del
país ibérico en la Alta Velocidad Española (AVE) a propósito de la
Exposición Universal de Sevilla y los
Juegos Olímpicos de
Barcelona, como todo, contó con detractores
políticos que intentaron demostrar el gasto innecesario en
tiempos en que los españoles tenían otras prioridades.
El
tiempo terminó poniendo las cosas en su lugar, demostró que los equívocos estaban en el lado opuesto y que
buena parte de la modernidad ganada a pulso de invertir para mejorar las vías de
comunicación y los
transportes ha beneficiado profundamente a los españoles, su
economía y al
turismo.
Hay que ver para creer: los españoles presumen de que sus
impuestos sirven para tener más estaciones de
metro, nuevas líneas de cercanías, mejores vagones de
metro y cercanías con aire acondicionado; y más, muchas más rutas del AVE.
Y la fórmula keynesiana de la
obra pública para salir de la crisis también es palpable en
Madrid, una
ciudad que si la visita el
día de
hoy luce
obras por todas las calles, parece como si la hubieran bombardeado.
Más allá de eso, lo importante es que el
gobierno tiene que impulsar la
construcción y con ello el
empleo. Tiene que gastar en
construir, invertir en
tecnología e
infraestructura, ya lo dijo también
Carlos Slim Helú, en
Barcelona, durante su participación el lunes pasado en una conferencia denominada “'Los
empresarios y la crisis”.
Y nosotros le pasamos la bolita al
gobierno del
presidente Felipe Calderón. El
país requiere de moderna
infraestructura ferroviaria, es indignante que el
presidente que mandó
construir los trenes fuera el general Porfirio Díaz hace más de 100 años y no podamos dar el paso hacia la alta velocidad.
El
sexenio pasado
Fox y Pedro Cerisola dieron un paso atrás al cancelar la
construcción de un AVE mexicano desde la
ciudad de México hacia
Guadalajara y es que los números que hicieron calculaban un costo de entre 10 mil a 12 mil
millones de dólares.
*Economista y columnista especializada. Es candidato a
doctor por la
Universidad de Alcalá, tiene dos
libros publicados y participa en distintos foros de
radio y
televisión con opiniones sobre
educación financiera,
economía y finanzas personales. Puede contactarla en: claulunpalencia@yahoo.com
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