LA SALUD DE LAS FINANZAS PÚBLICAS

GASTAR O NO GASTAR, VAYA DILEMA
Fecha: 2009-06-18 09:53:01por: Claudia Luna Palencia (claulunpalencia@yahoo.com)

COLUMNA POR LA ESPIRAL
CLAUDIA LUNA PALENCIA

POR LA ESPIRAL
*Claudia Luna Palencia



-La salud de las finanzas públicas
-Gastar o no gastar, vaya dilema
-Atención al déficit, insiste FMI

Gastar o no gastar ése es el dilema de los gobernantes y su equipo de ejecutivos en su quehacer gubernamental, para la administración pública se trata de una cuestión de aprovechar mejor los recursos sin necesidad de gastar más o mal.
Por tanto eso nos lleva a un punto de eficiencia en búsqueda de respuestas a lo qué hacen los gobiernos: ¿gastar más o gastar mal? En consonancia estamos hablando de la salud financiera de un país, desde luego de sus ciudadanos proveedores exquisitos de recursos por el pago constante y sonante de impuestos directos e indirectos.
El meollo es que la actual crisis ha devuelto al centro de la mesa el problema de economías con un acucioso deterioro en sus finanzas públicas, déficits que van combinándose rápidamente con otros problemas como el incremento en la deuda pública como porcentaje del PIB y a la par de Estados Unidos con sus déficits gemelos (cuenta corriente y fiscal) también en las cuentas externas.
El propio Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte de los riesgos en los que incurren diversas economías desarrolladas, por ejemplo, España su saldo financiero después de varios años en superávit alcanzará en 2010 un déficit cercano al 8.7% del PIB.
Asimismo se espera que la deuda pública española ascienda al 60% del PIB a finales del 2010.
Por su parte, Estados Unidos camina en la misma situación que mostró en los difíciles años posteriores a la debacle financiera de 1929, una década más tarde el déficit fiscal llegó al 30% del PIB y durante varios años casi durante todo el transcurso de la Segunda Guerra Mundial resintió un aumento de la deuda pública en niveles superiores al 100% del PIB, según testimonian Krugman y Wells.
En este país liderado por el presidente Barack Obama se observa esa combinación con sus déficits gemelos, herencia en buena medida de las administraciones del presidente George W. Bush.
Y aunque Obama ha planteado recortes a distintos programas militares, el oneroso rescate para el sector hipotecario, financiero y automotriz implica nuevas presiones presupuestales y fiscales para un país que es el más endeudado del mundo, ávido de absorber grandes capitales para financiarse, atraer inversión extranjera directa y seguir vendiendo bonos y promesas de pago a futuro.
El problema del manejo de un enorme déficit fiscal radica en los compromisos absorbidos por el gobierno que tienen que ver con destinar dinero a la Seguridad Social, Medicare y Medicaid adicionalmente a los programas de estímulo aplicados por la nueva administración demócrata para dar subsidios a la gente más afectada por la crisis.
A COLACIÓN
También están otras economías emergentes en situación de pasar al semáforo en rojo porque insisto el tema es delicado es la salud fiscal a largo plazo.
Rusia apunta a un crecimiento de su déficit fiscal entre 2007 y 2010 superior al 10 por ciento.
En el caso de México, las finanzas públicas mantienen un superávit aunque la salud de la deuda externa y primordialmente de la interna pase a semáforo rojo.
En este último punto las autoridades se escudan comparando los datos actuales con los arrojados por la otra magna crisis la derivada del “error de diciembre” en 1994 y que hundió 1995 y varios años posteriores con efectos negativos.
Y aunque utilicen tales referencias, lo cierto es que nuevamente se intentan paliar los efectos de esta crisis de final de la primera década del siglo XXI con las mismas viejas fórmulas con consecuencias desastrosas: más deuda externa y más deuda interna.
Así México no tiene gemelos sino “triates” formados por: deuda externa, deuda interna y déficit en cuenta corriente.
Cuentas negativas en su partida con el exterior, su mala situación refleja además lo caro que le cuesta financiarse y que mientras España, Estados Unidos o bien otras economías emproblemadas pero etiquetadas de industrializadas y desarrolladas recurren a diversos pivotes para financiarse sin tener que recurrir al FMI para contratar una deuda cara y mala. Menuda diferencia.
Pero vayamos a la salud de las finanzas públicas. El gobierno teme gastar, es más, desde el sexenio pasado en que existió un margen de liquidez interesante el gobierno blanquiazul no supo cómo gastar, caso que se está repitiendo en la actual administración del presidente Felipe Calderón.
Nuevamente el meollo del asunto, es cuestión de saber aplicar la administración pública, insisto no se trata de malgastar sino de gastar adecuadamente, empero, el gobierno prefiere presumir de un superávit aunque tenga que endeudarse fuertemente con el exterior y paralizar la obra pública, infraestructura, cualquier proyecto de modernidad como el construir trenes de alta velocidad. Se teme gastar.
Cabe mencionar que en 2007 las finanzas públicas de México cerraron con un superávit del 0.07% del PIB, mismo que al cierre de diciembre de 2008 se convirtió en un déficit de 11 mil 051.9 millones de pesos, un 0.09% del PIB, sin incluir los efectos de las reformas a la Ley del ISSSTE.
Para el mes de abril, el balance del primer trimestre de 2009, la Secretaría de Hacienda reportó un superávit de 23.9 mil millones de pesos.
El gobierno sigue dedicado a cuidar la caja como ha sucedido desde los últimos años de la administración del presidente Ernesto Zedillo.
Si me preguntan en tiempos de crisis por lo que hay que optar diría que por un gobierno que amplíe su margen, de nada sirve tener un superávit en un país paralizado, tampoco creo hay que excederse en el caso del gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero en España que ha abusado de las finanzas sobre todo en aspectos sociales, soltando subsidios a diestra y siniestra y llevando a la gente a hacer filas y trámites interminables para cobrar ayudas a las que se suma cualquier número de vividores.
El gobierno del presidente Calderón debería sopesar soltar un poco el margen darse un tope con un nivel de déficit razonable con tal de salir a financiar obras que la iniciativa privada en estos momentos no le interesa enrolarse pero que pueden generar empleos.
De lo que no debemos olvidarnos es de la salud del país en materia de deuda. Por el concepto de endeudamiento externo el gobierno de Calderón nuevamente ha metido a todos los mexicanos al encasillamiento del pago de la deuda generacional.
La deuda interna es otra cosa, se trata de una herencia del pasado con los Pidiregas, el IPAB-Fobaproa y otra serie de frankesteins que son una verdadera preocupación para el futuro del país y la salud económica de los mexicanos.
*Economista y columnista especializada. Es candidato a doctor por la Universidad de Alcalá, tiene dos libros publicados y participa en distintos foros de radio y televisión con opiniones sobre educación financiera, economía y finanzas personales. Puede contactarla en: claulunpalencia@yahoo.com





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