02-Despertar pajariano
| Fecha: 2009-08-03 19:05:14 | por: |
A ver, que levante la mano o de plano que cierre la revista cualquiera que pueda decir que el descubrimiento de la sexualidad es un camino sencillo y
libre de tras-pies, ¿a ver?
Todo comienza una noche cualquiera, cuando estás arranado plácidamente en el sofá, viendo el televisor con tu
padre y sin entender porqué, el susodicho progenitor cambia abruptamente de canal, en cuanto dos enamorados comienzan a besarse, o cuando una fémina cualquiera comienza a des-vestirse para introducirse en la ducha, ¿a poco no?
¡Pero hay un
Dios que todo lo ve y todo lo castiga queridos lectores!, porque una de esas noches y como premio a tu infinita paciencia, tu
padre se queda dormidote en el sillón y como por
arte de
magia, aparece en el televisor
Mel Gibson, cochambroso y despeinado, después de una encarnizada balacera con unos rusos corpulentos, en brazos –nada más y nada menos- que de una rubia despampanante, ambos se miran fijamente y al son de una balada melosa, unen sus labios de modo tal, que tu sientes como si el
corazón fuera a darte un vuelco pues, nunca antes habías visto un beso de semejantes dimensiones, pero eso no es todo porque, de pronto Mel, comienza a desvestir a la rubia mientras ella hace un ruido extraño, una especie de ronquido pero más incitante ¿no?, Mel da media vuelta y queda
boca arriba, la güerísima se sienta sobre el como si estuviera montando un toro mecánico, y con toda la calma del
mundo acaricia el pecho de Mel “pinche Mel” –piensas para tus adentros- lo besa no una ni diez, mil veces en el
rostro y los labios, en el cuello y cuando comienza a acercarse al pecho, te das cuenta de que algo sucede dentro de tu pijama, sientes calor, peor este es un calor extraño, -este es de adentro para afuera- acompañado de una ligera molestia en esa parte del
cuerpo a la que tus
padres llaman “el pajarito” y justo en el momento en que inicias con las maniobras precisas para averiguar que sucede ahí abajo, tu
padre se da media vuelta y clarito ves como sus
ojos entreabiertos se clavan en los tuyos.
¡Ahhhh!, te levantas hecho la mauser, te llevas las manos a la entre-pierna y sales despavorido con tremendo bulto entre las manos, te encierras en tu habitación, te metes a la cama y muy bajito, maldices a tu pajarito… “¿que tienes pajarito?, ¡no te vayas a morir por que si te mueres entonces no podré hacer pipi!”
Te quedas despierto largo rato, con el
corazón en un hilo y sintiéndote como bicho raro, ¿y ahora que sigue? –te preguntas- ¿acaso mañana despertaré con los brazos tiesos y las orejas puntiagudas?
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