03-Caprichitus pajarianus
| Fecha: 2009-08-03 19:05:59 | por: |
Así es que, echando mañosa mano al viejo refrán que dice que no hay mal que dure cien años ni pendengue que le sobreviva y apegándonos a los estatutos de la teoría de que todo lo que sube tiene que bajar, al cabo de unos minutos, te das cuenta de que tu pajarito comienza a recuperar sus dimensiones acostumbradas, ese extraño calor corporal disminuye notoriamente y tu respiración amaina a la par de tus pulsaciones cardiacas, temeroso, levantas nuevamente tu pijama y descubres que el mencionado avechucho entre-piernero se encuentra amodorrado y tranquilo, como si nada hubiera pasado, lo tomas delicadamente entre tus manos no sin antes dedicarle la más juiciosa de las miradas y haciendo gala de tus aún inexistentes conocimientos de anatomía, lo revisas por completo hasta cerciorarte de que no ha sufrido daño alguno, –ya sabes, cero
dolor, cero chipotes, cero fugas- suspiras profundamente, te introduces en la cama y ya más tranquilo, te entregas de lleno a los placeres de la soñolencia.
Pero ¡oh sorprais!, a la mañana siguiente, resulta que el condenado pajarete, nuevamente se encuentra en alevosa postura “¿y ahora que hago, donde lo meto, que le digo, tendrá algún botón de apagado, podrá des-atornillarse, se habrá descompuesto por el sobre-calentamiento de anoche?” y ahí estás, enfrascado en tan afanosa búsqueda de
soluciones cuando de pronto, unas terribles ganas de ir al baño invaden tu
cuerpo y lo que es peor, no hallas forma alguna de tranquilizar al alebrestado pajariux, le soplas, le chiflas, le tarareas una de esas aburridísimas
canciones de coro chaqueto de
iglesia, le aplicas la
ley del hielo, te avientas un zapateado al estilo
Jalisco para distraerlo, le avientas tres dimes, dos diretes, cuatro gestos, infinidad de trompetillas y hasta ensayas una salida fugaz de la habitación con la almohada por delante, así como si fuera de lo mas normal llevársela al baño, pero nada, el muy jijo de la guayaba no te pela, es más, podríamos incluso decir que el desgraciado se muere de ganas por que todo el
mundo esté al tanto de hacia donde te diriges, -así como cuando tu mamá sacaba la mano para darse vuelta en u cuando iban de regreso del colegio ¿recuerdas?- “¡no la chifles mano, no te pueden ver así, van a pensar que les estás echando bronca y luego a ver quien te defiende!” y ya resignado a salir o de plano a aplicar el popular grito de estadio “!ahí va el
agua de riñón!” te decides por pegar la
carrera al más puro estilo Ana Guevaresco –o sea súper rápido-
Y es entonces -¡oh! comprensivo lector- que descubres una de las peores maldiciones conocidas por el
hombre, efectivamente, me refiero a los caprichosos amaneceres del “pájarus involuntarius levantae”
¡Abran canchaaaaa!
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