04-Más vale pájaro en mano
| Fecha: 2009-08-21 23:05:35 | por: |
Lo vergonzoso y hasta traumático de todo esto, -no te hagas, lo de los capítulos anteriores, eso de las sorpresivas alebrestaciones entre pierneras, ¿o qué no has comprado tu revista últimamente?- es que el móndrigo
cara de haba no se conforma con haberte hecho pasar dos vergüenzas del tamaño de las tarugadas que solía escupir Vicente durante su pasado mandato ¡no! figúrate que el muy descarado, decidió atribuirse un arrogante
papel de falso protagonismo y comenzó a hacer su chistecito en todas partes y entonces si, las lagartijas en la
clase de
deportes ya no te salían igual, dirigirte al escritorio de la maestra Cristina ya no resultaba tan sencillo, las
comidas familiares se antojaban infernales porque no es lo mismo saludar a la parentela y sentarse a
comer, que
andar presentando al susodicho por todos los rincones de la
casa de la agüela, ¿o si? y ni hablar de estarlo disculpando en la fila del súper-mercado o frente a la siempre guapa y sonriente cajera ¿verdad?, es más, ni siquiera ir al baño era lo mismo -porque me cae que tienes que hacer
circo, maroma y
teatro con tal de atinarle al agujero de la taza que, de por sí, ya resulta complicado ¿a poco no
lectores míos?-
Pero una mañana de esas que pueden presumirse de bien-aventuradas y luego de escuchar tus reclamos
infantiles, un compañero del colegió -conmovido por tu inexperiencia y tu
cara de pujido flatulento-, decide darse un
tiempo para explicarte el funcionamiento fisiológico de tu pajarraco y lo que es mejor, te da una cátedra completa sobre una serie de morbosas atenciones requeridas por el puti-mencionado bribón de un solo ojo y es así como te enteras de la existencia de una milenaria y autodidacta técnica consistente en cierta maniobra proveedora de placer que a su vez, funge como apaciguador de la incómoda ansiedad que has comenzado a experimentar.
Y a mi que no me vengan con jaladas, me cae que no es nada fácil aplicar las
técnicas esas del compañero del colegio, porque si no te da miedo ponerle la mano encima al pachón, te ataca el remordimiento de conciencia o ya de plano –y hasta de curveado- te aterra la idea de que tus
padres se den cuenta de que andas zangoloteando al compañero bajo el ombligo, pero como dice el refrán “la práctica hace al maestro” y poco a poco vas agarrándole confianza al asunto y al grito de “¡más vale pájaro en mano que acalámbrese en el baño!” te das a la placentera y gozosa tarea de solventar la problemática situación y ahí estás, enfrascado todas las mañanas, jugueteando con el animoso y siempre dispuesto enanete
cara de cuete con las mieles del mundialmente reconocido auto-servicio.
Nunca salgas sin el.
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