Recios necios precios
| Fecha: 2010-01-19 14:12:25 | por: |
Como era de temerse, los
mexicanos hemos recibido, una vez más, una puñalada de los especuladores y
comerciantes insaciables, extranjeros y locales. Los
precios subieron, los salarios bajaron y los mariachis callaron. La
película de horror continúa para la indefensa
gente pobre y la
clase media agüitada y marchita.
Una vez más, a
vivir de la
tarjeta de crédito, a esconderse del compadre y del
amigo acreedor, endeudados postmortem con los
bancos y las tiendas de todo tipo. No hubo sorpresa alguna. Esta vez fueron más allá de lo resistible. Han asfixiado la
economía. Ahora sólo Las grandes
cadenas extranacionales se han salvado porque tienen
mercado más que cautivo. El noventa por ciento de los productos que venden en las tiendas son asiáticos, europeos y norteamericanos e incluso sudamericanos. El noventa por ciento de los
bancos son extranjeros y nada de sus utilidades queda aquí. Nada. Nos vimos brillantes. Estos 28 años ha gobernado Santa Anna.
Las
tierras ya tampoco son nuestras, las
playas y costas menos, las penas son de nosotros, las vaquillas son ajenas. Qué error tan grave haber abandonado el nacionalismo
social y amortiguador para entregarnos a los aviesos libres
comercios y a las viscosidades del neoliberalismo. Si logra encontrar un solo
artículo, producto, artefacto o servicio que cueste menos que en 1994, es que sigue dormido en su camita del promiscuo
departamento de tablaroca. Decía Pessoa el de los mil nombres, el monarca del heterónimo, en su famosa Oda Marítima o en Frente a la Tabaquería, no recuerdo cual, pero da lo mismo, el hecho es que escribió allí: "Conquistamos el
mundo antes de levantarnos de la cama". Únicamente en el lecho onírico, en el tálamo de la ensoñación, las cosas pueden estar menos mal de lo que la
realidad pustula y postula.
Sin querer, hemos entrado a la única acción de defensa que tenemos al alcance: dejar de comprar, comprar menos, lo mínimo posible, aunque nos engatusen con eso de los grandes descuentos del que no es
invierno, sino
infierno cuando vemos el drama de
Haití. Ese
país hermano, somos nosotros mismos dentro de poco. Prietos como veracruzanos, enjutos como potosinos, tristes y alicaídos como mexiquenses, aterrorizados como defeños.
Los
precios son la
realidad. No hay otra, ni de otra. Los recios
precios necios somos nosotros porque caímos en la vergüenza de que sólo somos lo que podemos comprar, el
hombre objetivado en la mercadería. Los Reyes Magos no llegaron a ofrecer al
señor sus cofrecillos de homenaje, sino a saquear más al
padre de
familia con juguetes de obsolescencia inmediata. Ya no hay objeto para
empeñar ni honra para empañar. Pelean
padres e
hijos por la carencia y la escasez, los cónyuges discuten a gritos delante de los
hijos. El
poder de
compra acabó con la
compra del
poder en
julio pasado. Dies Irae, diría Mozart en su Requiem.
Del súper al tianguis de segunda mano, de la boutique de barriada a la ropa de la "paca" comprada por kilo a los
religiosos gringos. Cada quien a inventar su picardía, su transa creativa, su imperativa supervivencia sin correas éticas. Da lo mismo la transa, el
padre quiere
pan para sus
hijos, el chamaco para su paraíso artificial, la muchachita para una ropilla que la posicione en el
grupo, la necesidad es angustiosa y nada más hay senderos torcidos a la vista. Los credos y sectas pelean por las piltrafas en que nos hemos convertido, en una especie de síndrome de
Estocolmo la colectividad ahora admira a quienes los han expoliado, burlado y saqueado, les venera el
éxito ostentoso de su inmoralidad que se ha traducido en ropajes,
coches lujosos y frivolidad televisiva. Nos llevó la
vida, con los saqueadores al frente, con los bastardos sin gloria que dijera Quentin Tarentino. Ya todos sabemos lo que viene.
rojedamestre@yahoo.com
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