REPLANTEAR EL CONSUMO
| Fecha: 2012-08-03 11:44:40 | por: |
COLUMNA POR LA ESPIRALCLAUDIA LUNA PALENCIA
POR LA ESPIRAL
CLAUDIA LUNA PALENCIA
-Replantear el consumo
En el
mundo hay
millones de
familias ahogadas por altísimos niveles de endeudamiento adquiridos por llevar un tren de
vida que no pueden pagar con su
ingreso pero que recurren al
crédito para formar parte de una
sociedad consumista dispuesta a sobrepasar los límites.
Hace poco en una cena escuché a la esposa de un corresponsal de
televisión señalar que soñaba con que, algún
día, su marido tendría en su billetera una famosa
tarjeta de color negro diseñada para grandes
empresarios y en la que no existe tope de gastos. “Es como tener el
mundo a tu alcance, no frenarte por pensar que hay algo que no puedas comprar”.
En mi interior pensé en esos grandes errores cometidos por los asalariados que sueñan en ser, imitar y convertirse en la otra
clase de los
propietarios de
medios de
producción o de grandes
fortunas que incluso suelen ser más cuidadosos y austeros (sobre todo tacaños) en su forma de gastar.
Entonces recordé que los asalariados solemos dibujarnos un
mundo de bienestar ficticio, una burbuja que explota ante el asomo de una crisis
económica (dejando a
personas y
familias en una situación vulnerable) y es cuando reflexionamos que sin el
salario de cada quincena no habrá forma de cubrir la
hipoteca, el
crédito automotriz ni siquiera para el mínimo de las
tarjetas de crédito.
De seguir con estos patrones de consumo y de
conducta, nunca estaremos lo suficientemente preparados para hacer frente a las caídas del ciclo
económico. Simplemente analicemos el materialismo a nuestro alrededor: nos dicen que somos lo que poseemos, el clásico tanto tienes tanto vales; décadas tras década el ser
humano vive con el
estrés de pagar la
hipoteca porque se trata, del
patrimonio de los
hijos –cuando los hay.
Los parámetros de una supuesta realización
económica llevan mucho
tiempo trastocados y las generaciones más jóvenes corren el mismo riesgo que sus
padres de continuar con el mismo patrón de consumo.
Por eso es que ayudar a estas nuevas generaciones a liberarse del comportamiento
económico de masas tiene mucho que ver con la
educación y orientación que los
padres transmitan a sus
hijos, sobre todo porque los
niños de entre 8 a 11 años de edad tienen
padres que han pasado por lo menos, más de dos crisis
económicas.
El conocimiento implica una transmisión generacional por ende, hay argumentos de base que pueden enseñarse como una advertencia para evitar futuros errores, uno esencial: el
crédito jamás será una extensión del
ingreso y que el ahorro es la clave de la
inversión y el camino para ser autónomos.
En un reciente
editorial en
España leí que esta crisis
económica nos llevará a recuperar los principios básicos, a disfrutar nuevamente de las cosas más sencillas y olvidarnos de la obsesión por poseer.
Y es que, aún cuando organismos
internacionales pronostiquen recuperaciones en el
PIB de la mayoría de los
países afectados, lo cierto es que ningún gurú se atreve a decirle a una
familia que todo lo que perdió –comenzando por su empleo-, le será resarcido en el corto plazo.
En
buena parte del
mundo hay una destrucción de
capital,
social y moral y la recuperación será muy lenta. Por ejemplo, en
México, el golpe de 1995 (-6.2% PIB) y
2009 (-6.5% PIB) sigue lastrando la
calidad de
vida de los
mexicanos de forma cuantitativa y cualitativa. No nos hemos recuperado.
Por tanto, nos queda seguir ajustándonos, repensar una decisión de consumo y no sucumbir ante las tentaciones de
temporada; aprender a elegir, tomar la opción correcta y valorar la importancia de la
administración del
presupuesto personal y/o
familiar. Llevar un patrón mensual de gastos ayuda para equilibrarlos ante el
ingreso.
Estoy segura que cuando, usted
amigo lector, aprenda a controlar su “yo consumista” y elija adquirir un bien tras un
proceso de razonamiento en el que destacó las ventajas sobre de las desventajas, irá aprendiendo a ser un mejor ser
económico dominando su “yo superfluo”.
De lo que se trata es hacer rendir el
dinero, también recuperar los lazos afectivos por encima de los
materiales; sentirse realizado no por el
coche de marca o del año, sino porque el
trabajo proporciona muchas satisfacciones y la
vida en general brinda recompensas cotidianas.
Esta larga crisis deberá llevarnos a replantear nuestra posición como consumidores, el comportamiento como seres económicos, la verdadera razón que nos hace
humanos capaces de disfrutar sin necesidad de sacar la billetera o la
tarjeta de crédito o regresar a
casa con una docena de bolsas de la
compra. Por que todavía las sonrisas son gratuitas.
P.D. Le invito a que opine del tema en mi blog http//claudialunapalencia.blogspot.com
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